Magnicidio que opaca el primer informe; también atentaron contra otro poderoso ganadero

  • Evo Morales se fue al “evo”.
  • Sentencian a 11 zetas, entre ellos dos polis de Veracruz.
  • Alex Lora se ha ganado su derecho histórico.

¿Y ahora quién va a ganar campeonatos ganaderos internacionales para Veracruz?

—Chopenjawer

El asesinato del diputado local del PRI, Juan Carlos Molina Palacios, es un mal precedente para los días en que se supone se debe de lucir el mandatario en turno con motivo de su primer informe de Gobierno.

No se recuerda en los recientes gobiernos que se haya asesinado a un diputado local en el pináculo de su carrera política y a unos días del Primer Informe del gobernador de Veracruz.

Juan Carlos Molina Palacios no sólo era un importante actor político para Veracruz, sino que además era un exitoso empresario ganadero premiado a nivel internacional y dirigente estatal de la otrora poderosa Confederación Nacional Campesina (CNC), donde pedía siempre que se volteara a ver al campo. Por cierto, en próximos días iba a renunciar a este cargo.

Su asesinato también abre interrogantes que en su momento deberían de ser aclaradas por las autoridades, pero lamentablemente este domingo el gobernador Cuitláhuac García Jiménez ya se deslindó de los hechos y dijo que vendrá una “policía de inteligencia” desde la Ciudad de México para investigar, como si en Veracruz no hubiera elementos capacitados para hacerlo.

En este sentido, más que ayudar a fortalecer la imagen de un gobierno estatal, el mandatario estatal manda el mensaje de que un crimen de esta naturaleza no lo pueden resolver de manera local por incompetentes y tiene que acudir a la Federación para que les resuelvan las broncas domésticas.

Y en este sentido, parece que la 4T le está apostando al olvido, como los casos de Minatitlán y Coatzacoalcos que tampoco han sido resueltos y se supone que están en manos de la “fregona” Fiscalía de la República, pero definitivamente ésta tendrá otras prioridades ante la falta de voluntad y desidia del gobierno local.

Llama poderosamente la atención que Molina Palacios, pese a la importancia que tenía en el mundo político veracruzano, no tenía al momento de su asesinato ni escoltas o personal para su seguridad personal. El ganadero viajaba, aparentemente, solo en su camioneta, que quedó estacionada (en modo Parking) justo frente a la salida de su rancho, encaminándose hacia la salida.

Una fuente de la zona indica que esta unidad la usaba pocas veces y sin llamar la atención, precisamente porque no estaba blindada; que Molina Palacios sí tenía una de blindaje de alto nivel por lo que se supone que este detalle los sicarios también lo sabían al momento de atacar al legislador. Los disparos –según los primeros reportes oficiales– fueron hechos por armas cortas calibre 9mm y 45, que un blindaje de bajo nivel hubiese podido detener sin problema. En el lugar se encontraron al menos 22 casquillos.

El hecho de que su camioneta estuviese estacionada indica que el legislador frenó para que le abrieran el portón o en ese momento esperaba a alguien; esos segundos lo aprovecharon sus asesinos, quienes tuvieron tiempo para apuntarle e incluso dispararle casi a quemarropa. La lógica lleva a pensar que si logras ver a personas armadas y tienes con qué arrollarlos, lo último sería tener una camioneta parada. No obstante, la grava no presenta derrapes de las llantas.

Otra versión que este columnista pudo conocer, es que quienes conocieron al diputado local aseguran que éste sí tenía guardias que le cuidaban el rancho. Por eso resulta raro que le hayan disparado adentro de la propiedad sin impedimento alguno.

La posición del cuerpo denota que estaba en posición relajada y se ve (por la fotografía que circuló en redes) que en algún momento, ante lo rápido de la situación, trató de cubrirse porque tenía sangre en su mano derecha. Es decir, lo agarraron por sorpresa y los sicarios calcularon bien el momento justo: sabían dónde estaba, a qué hora se estaba moviendo, su posición exacta, en qué unidad viajaba y qué tan vulnerable estaba.

Más allá de los detalles técnicos, Molina Palacios no era cualquier persona; era un legislador local que representaba al sector campesino y ganadero; un hombre bonachón que tenía amigos en varios partidos. De hecho hay quienes comentan que Molina Palacios tenía todo para jugársela en un futuro para ser candidato a gobernador en los próximos seis años: gozaba de buen currículo, preparación, amigos, mucho dinero; demostró tener tanates en la tribuna y era un vato echado para adelante.

Su vinculación al campesino, el factor “verde” (que los de Morena no han tomado en cuenta para su Cuarta Transformación); y sus conocimientos de ganadería de alto registro, eran otras de sus conocidas cualidades.

Y si no llegaba a ser candidato a la silla grande de Veracruz, sí pudo haber sido un factótum de unidad entre los partidos opositores a Morena, con la capacidad de organizarse y armar un bloque opositor.

Por esto tampoco hay que perder de vista cuando en los primeros intentos fallidos de destitución en el Congreso del Estado del entonces fiscal Jorge Winckler Ortiz, los diputados locales de oposición

—incluido Molina— revelaron que habían sido amenazados y le pusieron el dedo al secretario de Gobierno, Eric Cisneros Burgos, como el responsable.

También hay que decirlo: en el estado no pocas veces ha habido tragedias y escándalos por ejecuciones a mansalva de dirigentes cañeros, campesinos, ganaderos, por los muchísimos intereses (y cantidades millonarias) que se manejan en los ingenios, las asociaciones, etc.

Tampoco se deben olvidar los asesinatos de dirigentes como Roque Spinoso Foglia, quien el 25 de noviembre de 1984, siendo líder de la Unión Nacional de Productores de Caña de la CNC y diputado federal, fue ejecutado junto con su primo César Spinoso Corral en Vega de la Alatorre.

Pero nunca le habían pegado al Poder Legislativo de Veracruz de esta manera.

Por cierto, a lo de Molina se pudo haber juntado otra tragedia casi de las mismas dimensiones: según datos obtenidos por este columnista, alrededor de hace dos meses, en Acayucan, un comando intentó secuestrar al dirigente de la poderosa Unión Ganadera Regional del Sur de Veracruz (UGRSV), Jacob Abel Velasco Casarrubias, pero la libró.

Si a Abel Jacob le hubiese pasado algo, estaríamos hablando de otro caso de muy alto impacto y habría sido motivo de otra cantaleta oficial para decir que la Fiscalía General de la República se haría cargo, que no habría impunidad, que se castigará a los culpables, que ya no se permite esto, que ya no se pacta con delincuentes, bla, bla bla…

“La demagogia y la ineficacia de un gobierno siempre terminan por hartar a la gente”, dice por ahí el diputado Héctor Yunes Landa.

Las preguntas obligadas: ¿y para eso querían la Fiscalía General del Estado? ¿Para pedir chichi a la Fiscalía de la República cuando no quieren meter las manitas en ejecuciones de mucha relevancia? ¿Querían sacar a Winckler para que no les exhibiera a cada rato la ineptitud, torpeza e ignorancia para el manejo de delitos?

¿Por qué, dada la magnitud del homicidio, no se han aclarado o vertido informes al respecto? Luego entonces, pese a que es de interés público, ¿el gobierno del estado y la fiscalía harán mutis del caso porque le echarán toda la bolita a la Federación y ésta ni siquiera tendrá interés en informar un caso muy local cuando tiene encima el caso LeBarón?

Ojalá por el bien de la familia del diputado local, se resuelva el caso, pero nuevamente —por lo que se ve— parece que le apostarán a echarle tierrita y carpetazo.

NOTA INTERNACIONAL PARA PEGAR EN EL REFRI: Al perder el control, simpatía, lealtad, respeto, “ulo que sea”, de las fuerzas armadas y la policía, el político pierde su real poder… Sépanlo… Anótenlo: también son parte del pueblo bueno y sabio. Vean lo que le pasó a Evo, que no era mal presidente y actuó de acuerdo a como debe ser un estadista: para evitar violencia… Miren, véanlo por el lado amable, se fue Evo, pero ya soltaron a Lula.

OTRA NOTA: Un juez federal sentenció a prisión a 11 integrantes de la organización delictiva de Los Zetas, entre ellos dos ex policías de la extinta Policía Intermunicipal de Veracruz-Boca del Río. Recibieron sentencias de hasta 111 años por los delitos de delincuencia organizada (hipótesis de contra la salud y secuestro), y privación ilegal de la libertad en la modalidad de secuestro. La información la publica este domingo el diario REFORMA.

LA ÚLTIMA PORQUE…: Ahora resulta que la chairiza se ofende, se indigna, por la mentada de madre que mandó Alex Lora y “El Tri” de México a Palacio Nacional. Pa’ vatitos tan delicados; el Lora se ha ganado su derecho histórico de mentarle la madre a quien quiera.