Más fosas clandestinas

Desde hace muchos años, de Javier Duarte para acá, las fosas clandestinas forman parte del paisaje de Veracruz.

Lo fueron con Duarte. Lo fueron con Miguel Ángel Yunes Linares. Lo son con el señor Cuitláhuac García.

Los Colectivos, integrados con padres con hijos desaparecidos, siguen removiendo la tierra allí donde, entre otras cuestiones, les pasan el tip, incluso de forma anónima, de más fosas.

Hacia finales del año anterior, por ejemplo, el Colectivo “Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba”, encontraron nuevas fosas en la congregación de Campo Chico, en el municipio de Ixtaczoquitlán, a un ladito de Orizaba.

Y para entonces llevaban 47 (cuarenta y siete) cadáveres recuperados.

Pero en Veracruz, el Colectivo “El Solecito” también anunciaba que tenían informes de más fosas en “Colinas de Santa Fe”, en la ciudad jarocha.

Y más fosas en el poblado “El Arbolillo”, de Alvarado.

Bien lo dijo el sacerdote José Alejandro Solalinde Guerra en el sexenio de Duarte:

Veracruz es un fosario. El fosario más grande del Golfo de México.

Las ofrendas a la Santa Muerte con devoción religiosa.

Los Colectivos, por ejemplo, buscan y buscan, y vaya paradoja, siguen encontrando cadáveres.

Y como afirma el reportero y escritor, Ricardo Ravelo Galo, ningún cartel de la delincuencia organizada opera en una entidad federativa sin el visto bueno de la autoridad.

Es más, la certeza de Ravelo de que cada tribu gobernante tiene su cartel preferido.

Y es que sin la anuencia del Estado para operar ningún barón de la droga encontraría tierra fértil.

Por eso el delito de desaparición forzada y que se deriva de la alianza entre políticos, jefes policiacos, policías y malandros.

El caso, por ejemplo, de los siete comerciantes de Ciudad Mendoza desaparecidos en Ixtaczoquitlán en el sexenio de la 4T y en donde fueron inculpados el director de Gobernación y los policías estatales y municipales.

Nunca en Veracruz los ciudadanos de a pie imaginamos la posibilidad de que la entidad jarocha entrara a las grandes ligas de las fosas clandestinas.

 

“GRAN CAMPO DE EXTERMINIO”

 

De acuerdo con la activista Aracely Salcedo, madre de Fernanda Rubí desaparecida en Orizaba en el duartazgo, ”Veracruz es un gran campo de exterminio”.

Hay fosas abiertas. Hay nuevos puntos que han dado positivos. Hay nuevos lugares para remover las labores de búsqueda.

Y creemos que hay más personas sepultadas por los delincuentes que enterraron a sus víctimas en medio de una gran angustia de los familiares por desconocer el paradero de los suyos”. (La Jornada-Veracruz, Fernando Inés Carmona, 2 de enero, 2022)

Fue, por desgracia, el peor legado social y político de Duarte.

Pero al mismo tiempo, resulta inverosímil que todavía hoy los ciudadanos de a pie, las familias, la población electoral de Veracruz siga padeciendo la misma pesadilla.

Todos los familiares de las víctimas (calculan unos cinco mil desaparecidos) buscan a los suyos, quizá más muertos que vivos, para la cristiana sepultura en un panteón municipal donde les lleven flores y oraciones y misas y terminen con la angustia más canija de sus vidas como es el destino incierto de los familiares secuestrados y desaparecidos.

El mal fario continúa en Veracruz como una pesadilla inacabable.

Es el peor karma de los astros acomodados en contra para decenas, cientos, miles de familias y en donde las víctimas habrán dejado niños huérfanos y parejas viudas y padres ancianos a la deriva económica y social.

Todos los días en casa una silla que está vacía a la hora de desayunar, comer y cenar.

Todas las noches una cama vacía que dejó la víctima desaparecida.

Todos los días y noches la angustia más canija de la vida cavilando si el familiar está vivo o muerto.

“Estamos, dice la señora Aracely Salcedo, en un lugar donde hay muchos cuerpos. Seguramente vamos a encontrar más… conforme avancen las investigaciones”.

 

CINCO MIL FAMILIAS EN LA ORFANDAD

 

La peor corazonada del Colectivo “Familiares de Desaparecidos Orizaba-Córdoba” es el siguiente: “Pareciera que no hay fin en los terrenos. La gente que ahí trabaja, los campesinos, no dan crédito al ver cómo sus terrenos eran ocupados para sepultar gente víctima de la delincuencia”.

La parte más dura y pesada se atribuye al Duartazgo. Insólito: al momento, 5 años después, ningún político, ningún jefe policiaco, ningún policía detenido en un reclusorio acusado de desaparición forzada, “el delito de lesa humanidad” que nunca prescribe.

Incluso, latente la versión de que si, en efecto, a Javier Duarte le endilgaron el delito de desaparición forzada… y que trascendiera aun cuando sus abogados lo negaran.

Lo más duro y ruin es la impunidad.

De pronto, y desde aquel sexenio, una persona desapareció. Y luego más. Y más. Y más. Hasta llegar, ahora, a cinco mil desaparecidos y que significan, de entrada, cinco mil familias en el dolor y el sufrimiento nomás porque su familiar fue secuestrado y desaparecido y nunca, jamás, tuvieron noticias de ellos.

Y lo peor entre lo peor, población civil. Ciudadanos inocentes que fueron plagiados, en su mayoría, como parte del terrorismo.

¡Vaya destino en Veracruz!

A la miseria, la pobreza, el desempleo y la jodidez, de ñapa, el secuestro, la desaparición forzada y las fosas clandestinas.

Así gobiernan las tribus políticas en el poder sexenal…