Moneda con AMLO

Caray, cosas del socialismo en el siglo XXI, están vendiendo monedas con la cara de López Obrador.

López Obrador cumplirá tres años como presidente de la república.

Entonces, la casa acuñadora con el nombrecito de Emiliano Zapata (ni más ni menos) lanzó a la venta monedas con la cara de López Obrador.

Las hay desde 150 pesos hasta 5 mil 150 pesos.

Según el gusto.

Son más grandes que las monedas de diez pesos.

Y las venden a través del Mercado Libre.

Y en todo el país.

Antes, mucho antes, el nombre de los presidentes de la república en pueblos, colonias populares, ciudades, calles y avenidas.

El nombre de Miguel Alemán Valdés, en primerísimo lugar.

Ahora, con López Obrador, el rostro en una moneda.

¡Viva la 4T!

Y porfis, que nadie crea que se trata de un negocio de la casa acuñadora.

¡No, no, no!

Es una moneda conmemorativa del tercer año del sexenio de la izquierda hecha gobierno.

En ningún momento como aquella decisión política del emperador Marco Aurelio de imprimir monedas con la figura de su efebo, Antínoo, de 17 años de edad, para convertirlas en la moneda oficial del pueblo llamado Antínoe.

Y, porfis, que nadie crea que se trata de un culto a la personalidad.

Ni mucho menos, el saludo a un mesías para congraciarse.

En todo caso, significa la expresión religiosa de una empresa a su héroe patrio, el presidente de la república, de igual manera, digamos, como López Obrador tiene a sus héroes patrios consentidos y preferidos.

Claro, y tampoco puede evitarse, la bancada de Morena en el Congreso de la Unión hasta podría cabildear y legislar para que la moneda con la cara de López Obrador sea convertida en oficial.

Y de ser así, porfis, que nadie crea que se trata como la canción de Paquita la del barrio, «una moneda de cambio».

En el tiempo floreciente de la Casa de Moneda, nunca imprimieron monedas con las caras de los presidentes de la república en turno.

Ni siquiera, vaya, con el subsecretario de Hacienda y Crédito Público, Agustín Acosta Lagunes, quien le debió la gubernatura a José López Portillo, y quien se creía el Quetzalcóatl del siglo XX.

En los pocos meses que Pancho Villa gobernó Chihuahua, tiempo cuando construyera cincuenta escuelas, un subalterno quiso imprimir monedas con su cara para la circulación, pero Villa, el Caudillo del Norte, se opuso, y hasta amenazó al funcionario con su despido inmediato y de paso, hasta fusilarlo.

Y es que, bueno, si la casa acuñadora, Emiliano Zapata, lanzó la moneda significa, de entrada, quizá, quizá, quizá, que hubo consulta superior y se la habrían dado.

Más cuando el nombre de López Obrador (y su esposa) están registrados.

Con mayor razón, su foto.

Y su foto en el tiempo de las redes sociales y WhatsApp y anexos y conexos.

Más cuando en el palenque público hablan de la presunta reelección presidencial de López Obrador, reproduciendo a Benito Juárez García, quince años reelecto, y a Plutarco Elías Calles, quien impuso a cuatro presidentes, como Emilio Portes Gil, Abelardo L. Rodríguez, Pascual Ortiz Rubio y Lázaro Cárdenas del Río.

Ahora, en vez de imponer al sucesor, reelegirse.

La moneda con la cara de López Obrador sería, digamos, un avisito parroquial.

LA PLENITUD DEL PODER

El presidente está «en la plenitud del pinche poder».

Uno. «Las mañaneras», pontificando y denostando a los otros.

Dos. La batalla campal contra los neoliberales, incluida la UNAM, primero, y después, todas las universidades públicas y privadas.

Tres. Rosario Robles Berlanga, en la cárcel, porque en su casa podría escapar.

Cuatro. La candidatura manifiesta de su preferida, Claudia Sheinbaum Pardo, para la presidencia de la república en el año 2024.

Cinco. Jefe máximo del aparato gubernamental.

Seis. Discurso incendiario a tono con «al diablo las instituciones» y hasta contra la Organización Mundial de la Salud, OMS, por la política epidemiológica por el COVID.

Siete. El gabinete legal completito en la toma de posesión de la gobernadora de Guerrero, la hija del senador Félix Salgado Macedonio, y quien de hecho y derecho ejerce el poder.

Ocho. La seducción a los gobernadores priistas, a varios de los cuales, terminado el mandato, ha incorporado e incorporará a su gabinete, así los envíen de Embajadoras en el otro extremo del mundo.

Nueve. La guillotina contra el gobernador de Tamaulipas.

Diez. La mayor parte del presupuesto federal 2022 para los programas sociales y que tanto significan para ganar elecciones, sobre todo, de cara al año 2024, la presidencial y la de Senadores y diputados locales y federales, además de otras gubernaturas.

Once. La Magnum apretada contra los periodistas e intelectuales incómodos e indeseables, sus críticos.

Doce. La lucha abierta contra los empresarios neoliberales.

Trece. El puño abierto contra partidos políticos opositores.

Catorce. «Yo soy la verdad».

Quince. Un sexenio que en vez de practicar la concordia apuesta a la discordia.

Entre otras cositas.

Entonces, y reproduciendo el sistema político priista, tan conocido, resulta lógico el lanzamiento de una moneda con su cara.

Quizá a Maximiliano de Habsburgo y mamá Carlota les faltó bilirrubina para también imprimir monedas con sus caras, aun cuando, claro, se declararon su Alteza Serenísima y que, también, claro, Antonio López de Santa y Agustín de Iturbide.

Es la izquierda, el socialismo, el socialismo con rostro humano, alcanzando estadios superiores políticos.