Presidente broncudo

El presidente de la república es frontal, peleador callejero, terco, tozudo, directo, sin rodeos ni ambages, trepado en el ring político.

Es su ADN. Tal cual ha sido durante dos años y tres meses y cacho. Y es su tiempo constitucional. Y así continuará.

Por ejemplo:

La defensa a ultranza de Félix Salgado Macedonio como su candidato a la gubernatura de Guerrero.

Por ejemplo:

Señalar «con índice de fuego» presidencial a los periódicos The New York Times, uno de los más influyentes del mundo, The Guardian de la Gran Bretaña y El País de España como medios que, en vez de investigar, calumnian.

Por ejemplo:

La lucha abierta contra los «Claudios». Claudio X. González, padre. Claudio X. González hijo.

El padre, dice el presidente, que financió la campaña de desprestigio en su contra en el año 2006, cuando la campaña presidencial con Felipe Calderón Hinojosa.

Y el segundo, al frente de una organización llamada «Mexicanos contra la Corrupción» y que mejor debiera llamarse «Mexicanos a favor de la corrupción».

Por ejemplo:

La guerra abierta contra David Colmenares, titular de la Auditoría Superior de la Federación, porque detectó irregularidades en el gasto público federal.

Además, entre otras cositas en los meses que caminan:

El rafagueo bíblico a varios intelectuales, historiadores, analistas y columnistas, como los casos de Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Leo Zuckerman, Denisse Dresser, Raymundo Riva Palacio, Carlos Marín y Carlos Loret de Mola… que porque sirvieron a sus antecesores en el palacio federal.

El bombardeo sistemático a los llamados conservadores, emisarios del pasado que les llamaban en el siglo pasado, y que desean volver al país de los privilegios y las canonjías.

El disparo nuclear en contra de varios periódicos nacionales, entre ellos, Reforma y El Universal, y lo que resalta con la preferencia a otros rotativos.

Desde hace ratito, parece haber dejado en paz a Carlos Salinas, Vicente Fox Quesada y Felipe Calderón, digamos, en un receso.

Pero en contraparte, va en contra, digamos, de sus aliados históricos.

Mínimo, en contra de quienes caminaron al lado del trío de ex presidentes de la república, entre ellos, Rosario Robles y Carlos Ahumada.

Su adversario panista en el año 2018, Ricardo Anaya, recorre el país y tiene como objetivo visitar mil municipios soñando con la candidatura presidencial en el año 2024 y hasta donde se recuerda si se recuerda bien, en ningún momento se ha metido con él.

López Obrador, sin embargo, como un devoto cristiano, nunca olvida ni perdona.

Y la población electoral, los ciudadanos de a pie, los partidos políticos, estarán seguros, conscientes, de que el estilo personal de ejercer el poder y gobernar de López Obrador es la belicosidad, el enfrentamiento y el confrontamiento, el choque, la rispidez, de igual manera como vivió durante más de veinte, veinticinco años, desde aquellas caminatas históricas de Tabasco a la Ciudad de México al frente de indígenas y campesinos en contra de Pemex.

Y el plantón en el zócalo de la Ciudad de México contra Roberto Madrazo Pintado cuando le robara la gubernatura en Tabasco.

Y el plantón en la avenida Reforma de la Ciudad de México cuando Felipe Calderón le robara la presidencia de la república.

Es broncudo por naturaleza y así serán los próximos tres años y 8 meses y medio que faltan y nada, absolutamente nada lo hará cambiar.

Es su identidad. Su forma de ser y caminar en la vida y abrirse paso empujando la carreta.

Un presidente de la república con los guantes puestos todos los días.

EXPROPIACIÓN DEL ORO EN PUERTA

Incluso, ya tiene en la mira la siguiente pelea estelar a quince rounds y en las grandes ligas del mundo.

Lázaro Cárdenas del Río, el héroe patrio más admirado y cercano a sus neuronas y corazón, expropió la industria petrolera en manos que estaba de compañías extranjeras.

López Obrador va ahora por la expropiación del oro.

Por ejemplo, mineras canadienses poseen el 60 por ciento del oro mexicano… y que en conjunto controlan seis de los diez yacimientos más importantes del país.

En México, «operan 238 mineras de capital foráneo.

153, son de Canadá.

32, de Estados Unidos.

14, de China.

Y nueve de Australia.

Ellas manejan mil 177 proyectos de todo tipo en 25 estados» del país… como fue publicado en La Jornada, anunciando el siguiente paso obradorista.

Más porque los ex presidentes de la república, sus antecesores, concesionaron a extranjeros 75 por ciento de las mineras.

La batida por la expropiación del oro en el país ya inició.

Luego vendrá, digamos, la expropiación de los bancos, la mayoría en manos extranjeras, y que José López Portillo expropiara pero que Miguel de la Madrid los empezara a regresar a sus dueños, además de otras canonjías, como por ejemplo, las manos libres para crear y recrear Casas de Bolsa.

EL HIJO DEL TRÓPICO POLVORIENTO

López Obrador es broncudo y se muestra como es. Sin máscaras ni ocultando su identidad.

Además, es hijo del trópico. «Vamos a Tabasco que Tabasco es un Edén». Pero un Edén polvoriento.

Casi casi, como Carlos Alberto Madrazo, el gobernador tabasqueño que soñó con democratizar el PRI como presidente y emberrinchara a las tribus rojas y perdiera la vida en un raro y extraño accidente aéreo.

Casi casi, como un Tomás Garrido Canabal, el otro gobernador que creara las famosas «Camisas Rojas», grupo de choque en contra de los ministros de Dios y a quienes declaró la guerra con la siguiente advertencia:

Se casaban o eran exiliados.

Incluso, tan broncudo Garrido Canabal que a los bueyes, vacas, caballos y burros de su rancho les puso nombres de obispos, cardenales, Papas y santos.

En sus tarjetas personales, su secretario particular inscribió la siguiente leyenda: «Arnulfo Pérez H. Enemigo personal de Dios».

Un hijo del trópico está en el Palacio Federal donde vive, igual que Benito Juárez con su familia. Y es un peleador callejero de la política. Y así, tal cual, le ha funcionado y así llegó a la presidencia de la república. Y ni modo cambie…