Programitas sociales

El asuntito de los programas sociales es tan “viejo como la historia de la humanidad”. Por ejemplo, en el relato bíblico Jesús convirtió el agua en vino y multiplicó los peces y los panes para que en aquella boda la gente pobre tuviera suficiente.

Hacia 1914, cuando Pancho Villa asume la gubernatura de Chihuahua ordenó “repartir fuertes cantidades de dinero entre las familias que no tenían nada” según describe en las “Memorias de Pancho Villa” dictadas a su secretario particular, el periodista y escritor, Luis Martín Guzmán.

El primer acto presidencial de Benito Juárez, uno de los héroes de López Obrador, fue otorgar cargos públicos a sus tres yernos para felicidad de sus hijas, todos viviendo en Palacio Nacional.

El primer acto presidencial de Francisco Ignacio Madero fue pagar la liquidación a sus familiares a quienes la revolución había expropiado, ajá, sus latifundios.

El primer acto presidencial de Lázaro Cárdenas del Río fue repartir chambitas en cargos discretos a montón de familiares, tan jodidos que andaban.

Desde el priismo tomaron forma los programas sociales. Ayudaditas mensuales y bimensuales en dinerito, digamos, para comer en el día con día.

Luego, con el tiempo, las tribus políticas descubrieron que los programitas sociales servían para ganar votos en las urnas y entonces, de pronto, apareció la figura política de “los acarreados” para que en montón, formados en la fila india, con la credencial de elector en la mano, sufragaran por los candidatos oficiales.

Incluso, bajo la advertencia de que si votaban podrían, quizá, quizá, quizá, vaya venta burda y barata de esperanzas, recibir un poquito más.

En cada nuevo sexenio, los programitas han cambiado de nombre. Ahora, caray, se llaman Bienestar Social y son bimensuales, aprox., unos 2 mil 500 pesos cada dos meses y que, bueno, como todos los demás, y como siempre han sido en la vida pública, sirven de paliativos, pero sin resolver nunca, jamás, jamás, jamás, el problema central del desempleo., y en todo caso, de los pinches salarios de hambre que la mayoría percibe por jornada laboral.

LOS OLVIDADOS DE DIOS…

Pancho Villa nunca se sometió a elecciones en las urnas. Fue operador militar y político y electoral de Francisco Ignacio Madero, y a quien mataron a los quince meses de tomar posesión en una conspiración de Victoriano Huerta, quien entrara a la historia como “El chacal”, traidor, gran traidor que era, peor que Judas.

Y si Villa “repartió fuertes de cantidades de dinero entre las familias que no tenían nada” era, primero, por la miseria y la pobreza de la gente, mejor dicho, su gente, sus paisanos, los suyos, todos jodidos.

Y segundo, porque y de acuerdo con sus Memorias de principio a fin de las mil 200 páginas siempre tiene como prioridad el destino económico y social de los pobres.

Los treinta mil hombres que integraron la División del Norte, el 97, 98 por ciento, todos indígenas y campesinos, pobres y jodidos, que se fueron a la revolución para luchar a su lado, pero con la certeza de que les pagarían para enviar el sustento a sus familias.

Es más, en cada pueblo conquistado, las huestes villistas entraban al despojo y Villa necesitaba poner orden.

Más, mucho más, cuando Venustiano Carranza, Don Venus, el jefe máximo del Ejército Constitucionalista, envidioso y celoso y receloso del genio militar de Villa, lo limitó en el financiamiento y entonces, su gente entraba a los pueblos al saqueo despiadado y zopilotero.

Y en ningún caso era porque los villistas fueran ambiciosos sin escrúpulos, sino porque “el hambre muchas cornadas da”, y más, cuando se tienen hijos y padres ancianos.

Villa repartía “fuertes cantidades” entre los soldados jodidos…, pero y por desgracia, nunca existió espacio ni tiempo para enseñarles a pescar y para que cada uno trabajara.

La revolución jamás tuvo como prioridad la creación de empleos. Igual, igualito, que ahora, con la 4T donde creen, sienten y están convencidos de que con los doce programitas sociales para los ninis, las madres solteras, los ancianos en la miseria y la pobreza y los indígenas y campesinos, la calidad de vida mejorará.

Los olvidados del cineasta Luis Buñuel. Los condenados de la tierra de Franz Fanon. Los excluidos del antropólogo Oscar Lewis.

ESTRATEGIA PARA GANAR URNAS

Pancho Villa decía que “la yerba mala siempre crece alrededor”. Y el asuntito de los programitas sociales tal cual ha de mirarse y verse.

Más que ayudadita a los jodidos se ha convertido en una estrategia electoral para ganar en las urnas.

Los precaristas saben y están conscientes de que si juran y perjuran que votaron por los candidatos de los jefes tribales, entonces, seguirán recibiendo el beneficio económico.

Incluso, tiempos se han dado donde los operadores políticos los amenazan con quitarles el dinerito si comprueban que sufragaron en contra, por ejemplo, cuando un candidato oficial es derrotado.

Por eso mismo, Pancho Villa decía a quienes desviaban el dinerito de los jodidos y hasta “ordeñaban la vaca” que estaba “acostumbrado a colgar soldados y generales” traidores a la población, más, mucho más, a la población menesterosa.

La vida pública siempre ha tenido las mismas características en el país y con la 4T ninguna excepción.

Los pobres, “carne de cañón” electoral. Y entre más jodidos, más vulnerables.