Mié. Jun 3rd, 2026

Ciudad del Vaticano.– De carácter amable, moderado y discreto, el cardenal estadounidense Robert Francis Prevost ha sido elegido como el nuevo papa bajo el nombre de León XIV. Considerado una figura clave durante el pontificado de Francisco, quien lo nombró al frente del Dicasterio para los Obispos y de la Comisión Pontificia para América Latina, Prevost ha sido uno de sus colaboradores más cercanos.

Misionero perteneciente a la Orden de San Agustín y también ciudadano peruano, su perfil reservado lo convirtió en una sorpresa entre los posibles candidatos al papado, destacándose como una figura externa entre postulantes más notorios. Su actitud conciliadora le ha permitido actuar como mediador entre sectores conservadores y reformistas dentro de la Iglesia, y su profundo conocimiento de América Latina le granjeó el respaldo de numerosos cardenales del continente, tanto del norte como del sur, muchos de ellos críticos del pontificado anterior.

Nacido en 1955 en Chicago, Prevost ingresó al noviciado agustino en Saint Louis y pronunció sus votos en 1981. Estudió Teología y Derecho Canónico en Roma, y fue ordenado sacerdote en 1982. Poco después, en 1985, comenzó su labor misionera en Perú, particularmente en la región de Piura, y luego en Trujillo, dedicándose a fomentar vocaciones religiosas en varias regiones del país. Durante una década, asumió múltiples responsabilidades pastorales en esa arquidiócesis.

Además de su labor en América Latina, ha tenido una destacada trayectoria académica y eclesiástica en Estados Unidos. En 2014, el papa Francisco lo designó administrador apostólico de la diócesis de Chiclayo, y al año siguiente, obispo de la misma. Desde 2018 fue vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana, enfrentando situaciones complejas como el escándalo de abusos relacionado con el Sodalicio de Vida Cristiana.

En 2023, fue llamado nuevamente a Roma por el papa Francisco para ser creado cardenal y asumir la prefectura del Dicasterio para los Obispos, la oficina encargada de supervisar el nombramiento de obispos en todo el mundo. Desde allí, fue testigo directo de las tensiones entre el papa Francisco y sectores conservadores de la Iglesia, como en el caso de la remoción del obispo Joseph Strickland por su actitud crítica hacia la Santa Sede.

Gracias a su conocimiento profundo de América Latina, también fue nombrado presidente de la Pontificia Comisión para esa región, donde ha mantenido un contacto constante con la jerarquía eclesial de un continente que alberga a casi la mitad de los católicos del mundo.

Su elección como pontífice marca un hito no solo por su edad relativamente joven –69 años– sino porque es el primer papa originario de Estados Unidos, un país con gran peso global. En cuanto a sus posturas doctrinales, ha expresado su apoyo a una Iglesia más cercana a la gente, en sintonía con la visión del papa Francisco, rechazando el modelo del clero como simple gestor. Además, ha enfatizado la necesidad de transparencia y acompañamiento a las víctimas en los casos de abuso sexual dentro de la Iglesia.