Lun. Jul 20th, 2026

“Jamás abandonemos la ruta del entendimiento, pero tampoco la de la meditación, comprometiéndonos a defender la dignidad y el sentido humano de las cosas”.

 

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Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

[email protected]              

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Cada criatura es única y distintiva, ya no sólo por sus rasgos, también por nuestros propios pensamientos, que han de moverse libres de imposiciones; pues todo lo que convenimos, quizás sea el resultado de lo que hemos reflexionado, sustentado todo ello, en nuestras corrientes y sostenido por nuestros juicios. Desde luego, somos una especie pensante, con una vocación insustituible e incomparable, innata y existencialmente singular, que navega muy por encima de cualquier algoritmo. Cuidado, por consiguiente, de dejarnos dominar por la tecnología digital. Corremos el riesgo de activar el mayor de los males, la confusión permanente y mundializar la mentira como rectitud, volviéndonos máquinas en lugar de personas.

Por ello, hay que proteger la sabiduría y el conocimiento, la conciencia y la responsabilidad, los valores y los principios, que hemos generado como civilización. Trabajemos con el corazón, seguramente entonces, las relaciones entre nosotros mejorarán. En consecuencia, el desafío no es tanto técnico, sino antropológico, en la medida que seamos libres de expresar, con autocrítica, determinación y discernimiento, la semilla de la acción, a través de nuestras habilidades cognitivas, emocionales y comunicativas; que han de reorientarse en la defensa de los derechos universales. Jamás abandonemos la ruta del entendimiento, pero tampoco la de la meditación, comprometiéndonos a defender la dignidad y el sentido humano de las cosas.

Cuidado con corromper los lenguajes, que los axiomas pertenecen al auténtico amor, que es desde donde emanan los grandes proverbios y los avances. En efecto, antes hay que sentir el níveo pulso, para luego dejar latir con el alma, las ideas inspiradoras, que realmente nos avivan el proceso creativo de los talentos, recibidos de la naturaleza y que nos acrecientan el espíritu humanitario, como individuos contemplativos. Ciertamente, uno tiene que aprender a quererse, pero además debe dejarse oír sin ocultar el rostro. En suma, que ha de ser siempre, un ser de palabra y de quehacer, sin fingir actuaciones ni simular relaciones. No olvidemos, que estamos inmersos en una dimensión empedrada de hipocresías, lo que nos requiere distinguir cada cual consigo mismo, la realidad de la ficción.

Sea como fuere, la humanidad en su conjunto, está llamada a cooperar en esa protección natural, que al mismo tiempo, ha de comenzar también por amparar nuestro propio nido existencial. En este sentido, la autenticidad de uno mismo como la pureza de lo natural, es vital para que la savia prosiga encauzando versos y vertiendo poemas, con más deleites que penas. Por ejemplo, en las poblaciones sin acceso a energía limpia,  la falta de seguridad de suministro energético dificulta la educación, la atención médica y las oportunidades económicas; y, muchas de estas regiones en desarrollo, aún dependen en gran medida de combustibles fósiles contaminantes para su proceder diario, lo que eterniza la indigencia.

Hoy sabemos por la ciencia, que un futuro con energía limpia está a nuestro alcance, como también percibimos que, si ponemos los pies en la tierra y las entretelas en lo celeste, tendremos tiempo para reflexionar críticamente, como amantes de las virtuosas letras con las que obramos, para evaluar la fiabilidad de las fuentes y los posibles intereses que hay detrás de la información que se nos ofrece. Todos estamos llamados a colaborar, nadie por sí mismo y tampoco ninguna industria, puede afrontar el reto de impulsar la innovación digital y la gobernanza de la Inteligencia Artificial (IA) por sí sola. Ojalá aprendamos a reprendernos, a cooperar en la construcción e implementación de una ciudadanía digital consciente, comprometida con la verdad/bondad y con la vida de todo ser.

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

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25 de enero de 2026.-

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA————————————————————————————————————————————–

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

CAMINEMOS COMO HIJOS DEL SOL

 

QUE NUESTRA VOZ, SEÑOR, SE HAGA ECO DE LA TUYA: El pueblo que, habitaba en tinieblas, divisó una gran luminaria. Se dejó sorprender por la Buena Noticia; y, asombrado e interrogándose cada cual consigo mismo, se entregó en gestos concretos de amor. La ofrenda fue locución de aliento, expresión de caridad o actitud de servicio; un modo de advertir, que Dios está cerca. De hecho, anunciar el Evangelio, es liberarse oceánicamente, ayudando a los demás a ser libres.

 

I.- ACERCARSE AL REINO CELESTIAL;

QUE HA BAJADO A LA TIERRA

Con Jesús, lo mundano deja de ser;

el momento está llegando a su fin,

su Reino ha descendido a la tierra,

nos vive y mora en todos nosotros,

hermanado a la condición humana.

No hay humanidad sin hermosura,

como no hay divinidad sin Cristo;

el tiempo del alejamiento terminó,

cuando el Señor vino a acogernos,

para salvaguardarnos y eximirnos.

El santo verbo nos siembra beldad,

nos cubre con la luz de su Palabra,

nos orienta y reorienta al florecer,

recogiéndonos como brotes suyos,

y acogiéndonos en cada situación.

II.- RECONCILIARSE ENTRE SÍ;

PUES, POR EL HIJO, SUBIMOS AL PADRE

El hombre, como el árbol, se anida

de sueños y se enraíza mar adentro,

en su propia inmensidad de versos,

para tornarse un latir de conciertos,

y en los desconciertos armonizarse.

Volver a Dios es nuestro cometido,

revolverse a lo terrenal es lo cabal

y preciso, para abrazar las Alturas,

con las que creamos tonos diversos,

como renuevos de timbres devotos.

Ha comenzado el tiempo de vivir,

de desvivirse por quererse y amar,

de hacer hogar para hallar sosiego,

y de rehacerse como estirpe unida,

casados a una familia providencial.

III.- APOYARSE EN EL FULGOR ETÉREO;

PARA SER ESTRELLAS EN PERPETUIDAD

El apoyo del Crucificado es diario,

nos eleva y nos alaba de esperanza,

nos llena de gozo y alegría el alma,

nos agranda por dentro y por fuera,

hasta embellecernos de resplandor.

Somos tripulantes de azules claros,

vamos camino del místico paraíso,

nuestras idas y venidas son de paz,

tan sólo hay que dejarse examinar,

por quien es verdad y eterna savia.

La fuerza Omnipotente nos abriga,

uno a uno hemos de clamar su don.

Escuchemos su timbrazo cada día,

vivamos la dicha de ser absueltos,

de sentirnos amados para siempre.

Víctor CORCOBA HERRERO

[email protected]

24 de Enero de 2026.-