TALLER DE CAMPANAS

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ROBERTO RAMIREZ RODRIGUEZ.— En la mañana, muy temprano, antes de salir el sol ya había calor. En el jardín de una hermosa casa caminaba sobre las hojas secas que había tirado el viento durante la noche.

El aroma de las flores blancas perfumaba cada rincón del jardín; con él, llegaban los recuerdos.

Las aves madrugadoras salían de los árboles llenos de aguacates, naranjas y limones. El eco de sus cantos se iba lejos; quien sabe hasta donde porque todo era profundo, como una melodía que llegaba del azul del cielo.

Las campanas de catedral de San Andrés Tuxtla, llamaban a misa. Su tañido ha sido siempre parte de la historia de la ciudad.

Durante muchos años, han alertado a la población frente a las tragedias.

El sonido especial de cada tañido ha abierto el camino, en cada caso, a la eternidad. Cuando alguien muere las campanas cantan. Cantos de despedidas de este mundo. El duelo al ser querido que solo nos deja recuerdos.

Un día lejano, la hermosa iglesia de Sanya Rosa se incendió. Ante esta tragedia las campanas llamaron a la población; y esta llego puntual a su cita: el incendio fue sofocado.

Contaban los abuelos que, durante la Revolución las campanas de la iglesia alertaban a la población de la “llegada de los rebeldes”.

Y seguían contando los hombres de memoria eterna: en el poblado había un animal al que todos llamaba “el perro panteonero”. Cuando las campanas de catedral tocaban a duelo a un difunto, el perro panteonero asistía al atrio del templo, se formaba en la cola de los dolientes y acompañaba al difunto hasta su ultima morada.

Antes, cuando la tierra temblaba, las campanas sonaban. El grado de afectación de las propiedades se median por las cuarteaduras de muros, aplanado o el tronido de las cubiertas de tejas. Se iba la luz o se rompía un drenaje. La gente se hincaba. Los lamentos de los católicos se escuchaban de lejos. La gente pedía al Creador la salvación de sus vidas.

Hoy día, la ciudad de San Andrés, asentada en un valle, rodeada de cerros y montañas llevan en su memoria histórica cuando el volcán de San Martin hizo erupción, escupió lava y los pobladores bajaron de las faldas del volcán en busca de un refugio. En esos terribles días, el taller de campanas oriento a los damnificados en busca de salvación. El taller de campanas cobijo a los desamparados que llegaron al valle en busca de agua pura y cristalina para sobrevivir. Ese día tormentoso la gente de hinco, rezo y la calma llego: nació la ciudad alrededor del nacimiento del Rio Puchuapan.

Los científicos aplicados en la sismografía, no han podido descifrar el advenimiento de un temblor. Sin embargo, la gente sigue hincándose ante la fuerza oculta de la Tierra. Le piden al Todopoderoso por la salvación de sus vidas.

Los estudiosos solo han podido diseñar la alerta “sísmica” para que los afectados ganen tiempo y busquen un refugio.

Los olores del hermoso jardín me llevaron al pasado: el taller histórico de las campanas de Catedral vigilantes del acontecer diario de la ciudad.