Tarek sigue arrojando ‘vómito negro’

  • Para no caer preso dice que había compensación especial para que nadie abriera la boca de más

Gobernantes | Xalapa, Ver.— Siguen brotando las miasmas de los turbios manejos que realizó el gobierno de Javier Duarte de Ochoa con los dineros públicos de Veracruz, y el que da pelos y señales de todo ello (en un: sálvese quien pueda) es el exdiputado Federal y extesorero de la Secretaría de Finanzas y Planeación (Sefiplan), Antonio Tarek Abdalá Saad a cambio de no ir a la cárcel, porque fue tesorero de la Sefiplan del 6 de Febrero de 2012 al 31 de Febrero de 2015, y durante ese periodo trabajó al lado de los secretarios Tomás Ruiz González, Salvador Manzur Díaz, Carlos Aguirre, Fernando Charleston Hernández y Mauricio Audirac Murillo, este último recién salido de la cárcel aunque aún no queda libre del todo, o los prácticamente sentenciados a pasar una temporada a la sombra Tomás Ruiz González y Fernando Charleston Hernández.

Ahora, se ha conocido que Abdalá Saad, que también colaboró en ese periodo al lado de los subsecretarios Gabriel Deantes Ramos, Sergio de la Llave y Carlos Hernández, declaró a la entonces Procuraduría General de la República (PGR) en Octubre del año pasado, a semanas de terminar el sexenio de Enrique Peña Nieto, que la dependencia en la cual trabajó como tesorero hasta que se fue de legislador federal omitió informar verazmente de los estados financieros “para no romper sus acuerdos con bancos y acreedores”, porque Duarte de Ochoa le ordenaba a él y a otros funcionarios de la Sefiplan ocultar los déficits presupuestarios de su régimen, y en vez de ello solo reportaran ahorros netos.

Abdalá Saad explicó a la PGR que en la cuenta pública consolidada del año 2011 “se había establecido que existía un ahorro neto del ejercicio que ascendía a 2 mil 699 millones 141 mil 7 pesos, cuando en realidad existía un déficit presupuestario de aproximadamente 12 mil millones de pesos anuales”, pero aclarando que este número “es un aproximado, pues existían compromisos económicos mayores a los ingresos estatales por mil millones de pesos cada mes”.

Y el siniestro sujeto, creador de una monstruosa mentira que empujó a Veracruz a la actual situación económica que se vive desde el final de su mandato, con una deuda estimada en, por lo menos, 80 mil millones de pesos, tal déficit no podía reflejarse en la Cuenta Pública o en los estados financieros “porque rompería acuerdos con bancos y convenios con acreedores de la bursatilización”, insistió en octubre pasado Abdalá Saad.

También declaró que con la publicación de un acuerdo en la Gaceta Oficial del Estado, el 19 de diciembre de 2011, cuando recién había cumplido un año de mandato, Duarte de Ochoa institucionalizó el uso de recursos federales para el gasto corriente, “lo cual ayudó a manejar las finanzas estatales, pero se prestó para desviar dinero”, y con esa maniobra la Sefiplan empleaba dos tipos de cuentas bancarias: por un lado, las llamadas “específicas”, las que legalmente se abrían para recibir los fondos federales, y las “concentradoras” o “licuadoras”, abiertas por órdenes del propio Duarte, de tal manera que, ha dicho Abdalá Saad, “cuando llegaba un fondo federal etiquetado a una cuenta específica, se enviaba el recurso obtenido a la cuenta concentradora, para posteriormente ser transferido a las instituciones, fondos, programas, secretarías o realmente caprichos del gobernador, ya que se hacía lo que él quería, esa es la verdad”.

Nadie de los secretarios y subsecretarios señalados por Tarek se salva de la chamusquina, máxime cuando el exdiputado federal ha señalado sin titubear que “todos ellos conocían las prácticas respecto a la manera en que se desviaban los recursos y no sólo eso, sino que las aprobaban y en ocasiones se beneficiaban económicamente de las mismas”, pero pasando él como un simple borreguito, pues asevera que “jamás tomé por mí mismo esta decisión porque, por supuesto, no tenía facultades para hacer pagos sin su instrucción ni aprobación, yo rendía cuentas y era el simple token del organigrama, el último eslabón y la persona a la que utilizaban para realizar los pagos”, pero sí acepta que cuando Tomás Ruiz fue titular de la Sefiplan instruyó un fondo especial para entregar un sobresueldo en efectivo a secretarios y subsecretarios, o sea, se “mochó” pensando que con ello les compraría su silencio, aunque nada tonto Abdalá dice que eso fue “antes de que fuera tesorero”, pero ya cuando entró bien que lo cogió igual que secretarios o subsecretarios, pues esa compensación adicional a su salario servía para homologar sus percepciones con los de los funcionarios federales.

Eso era a lo que Duarte de Ochoa le llamaba “los tacos”, y tal dinero “provenía de la operación realizada dentro de las cuentas (…) de la Secretarías de Gobierno y la de Educación”…