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Veracruz, 10 de julio de 2025. – El Tren Maya, uno de los proyectos emblemáticos del sureste mexicano, cerró su primer año de operaciones con pérdidas operativas que alcanzan los 2,561 millones de pesos en 2024, lo que equivale a un promedio de 37.7 millones de pesos diarios. La magnitud del déficit ha encendido alertas sobre la sostenibilidad financiera del sistema, que busca consolidarse como motor turístico y de desarrollo regional.

Balance financiero: ingresos insuficientes

Según los reportes oficiales, el Tren Maya generó ingresos propios por 275 millones de pesos, cubriendo apenas el 9.6% de sus costos operativos, que sumaron 2,837 millones. Cada pasajero transportado implicó un costo promedio de 431 pesos, mientras las tarifas generaron ingresos marginales.

Para sostener la operación durante 2024, el gobierno federal transfirió 13,000 millones de pesos a través de la Secretaría de Hacienda, y para 2025 se aprobó un subsidio superior a 48,000 millones de pesos. En términos proporcionales, la inversión pública fue de 108 pesos por cada peso recaudado en ingresos propios.

Subsidios y desbalance persistente

A lo largo de 11 de sus primeros 12 meses en operación, el Tren Maya requirió un subsidio mensual promedio de 151 millones de pesos para evitar un colapso financiero. En total, se estima que en 2024 el sistema recibió 29,912 millones de pesos en apoyos federales.

El Ejército Mexicano, encargado de la operación, reconoció el déficit pero argumenta que el punto de equilibrio se alcanzará con la incorporación del transporte de carga, programado para mediados de 2026.

Estrategias de promoción y expectativas

Para aumentar la demanda de pasajeros, el gobierno ha lanzado promociones dirigidas a derechohabientes del ISSSTE y busca integrar el Tren Maya con Mexicana de Aviación y el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Sin embargo, persisten dudas sobre la viabilidad del modelo de negocio y la capacidad de reducir la dependencia de subsidios públicos en el mediano plazo.

Viabilidad en la mira

A pesar de las proyecciones optimistas de los operadores, expertos y críticos cuestionan la sostenibilidad del proyecto, advirtiendo que la creciente necesidad de recursos federales podría transformarlo en una carga fiscal crónica si no logra revertir su situación financiera. El reto inmediato es garantizar que el transporte de carga y las estrategias turísticas logren generar ingresos suficientes para equilibrar la balanza y cumplir la promesa de desarrollo económico en la región.