¡Vaya gritos patrios!

La devoción religiosa de los morenistas por López Obrador y la 4T ha llegado a niveles insospechados, jamás imaginados. Incluso, con más fervor católico y apostólico que, por ejemplo, con la Virgencita de Guadalupe y el indito Juan Diego.

Es más, poniendo “patas arriba” la lealtad ciega, total y absoluta.

Incluso, rayando en el mesianismo, casi casi a la altura de Huitzilopochtli a quien ofrendaban mujeres vírgenes, de 20 años de edad para abajo.

Por ejemplo:

En el otro extremo del mundo, en Turquía, la ex reportera y ex escritora, Isabel Arvide, cónsul de López Obrador, cambió el tradicional grito patrio y añadió un nuevo grito, digamos, libertario:

“¡Viva López Obrador!” gritoneó en Turquía.

En Campeche, la gobernadora Layda Sansores, hija del cacique priista que fue, Carlos Sansores Pérez, dio el grito de Independencia de la siguiente manera: “¡Viva la Cuarta Transformación!”.

En Baja California, el gobernador Jaime Bonilla también lanzó vivas a López Obrador, luego de exaltar a Hidalgo, Morelos, Allende, Aldana, Matamoros, Allende y Guerrero.

Y en el caso de Jaime Bonilla, como está por terminar el periodo constitucional, quizá sentiría que con el Viva a López Obrador…el presidente lo invitaría a su gabinete igual, igualito, que a los exgobernadores de Tabasco y Nayarit.

Nunca se había dato en México tanto fervor religioso. Ni siquiera, vaya, en las fiestas familiares o de barrio donde los parientes y los vecinos suelen conmemorar la fiesta patria, alguien por ahí, el viejito, dando el grito enalteciendo a Miguel Hidalgo y José María Morelos, entre otros, pero sin incluir, digamos, al patriarca de la familia y/o al presidente municipal y/o al jefe de manzana.

Son los chairos. Los profetas de la 4T. Aquellos que gritonean en el balcón público que “¡Es un honor estar con Obrador!”, con todo y que ahora los conservadores dicen que “¡Es un horror estar con Obrador!”.

Cada sexenio en el país hay un nuevo dios terrenal. Es el presidente de la república. Son los gobernadores.

Y si en el siglo pasado los militantes del PRI alardeaban que con el presidente se llegaba “hasta la ignominia”, famosa aquella frase de “A sus órdenes, señor”, “lo que usted diga”, ahora, caray, más encendida que nunca la sumisión total y absoluta al jefe máximo de la izquierda, el chamán, el gurú, el tótem, el mero mero, el Odorico Cienfuegos.

EL DIOS TERRENAL

En toda relación amical siempre existe una persona, un familiar, un amigo, un conocido, un vecino que se admira más allá, mucho más allá de los límites humanos.

Y cuando se adolece de un héroe terrenal, entonces se busca un héroe extraterrestre como, por ejemplo, los niños con Superman, El Hombre Araña y Batman.

Hay políticos, por ejemplo, que han puesto el nombre de su héroe, un político, el jefe máximo, a un hijo.

Y así como hay personas que en la cartera traen una foto de la novia amada y/o de Judas Tadeo, también hay quienes tienen una foto de López Obrador… en vez de la estampita de Jesucristo que ahuyenta la mala vibra y el COVID.

En el siglo pasado, la foto del presidente de la república en turno estaba en las oficinas públicas federales, estatales y municipales, tiempo aquel, claro, de la dictadura priista.

En los pueblos solían levantar estaturas de los héroes terrenales y que iban desde el presidente hasta el gobernador y el alcalde.

En Soconusco, el presidente municipal, y del Movimiento Ciudadano, levantó una estatua de 9 metros de Jesucristo y arrumbó por ahí, en un rinconcito, la estatua chiquita y diminuta de Miguel Hidalgo.

Muchas calles y avenidas y hasta pueblos del país fueron bautizados con el nombre del héroe terrenal en turno. Por ejemplo, el nombre de Miguel Alemán Valdés conservó siempre el primer lugar nacional.

El hijo de José María Morelos, criado con la trabajadora doméstica, Brígida Belmonte, Juan Nepomuceno Belmonte, “se tiró al piso” de Maximiliano de Habsburgo y cabildeó para su llegada al país lanzando a Benito Juárez García del trono imperial y faraónico y en donde más tarde se reeligiera durante quince años.

Hay, pues, Dios celestial. Y dios terrenal.

Por eso, los gritos patrios de Isabel Arvide en Turquía y Layda Sansores en Campeche y Jaime Bonilla en Baja California.

CULTO A LA PERSONA Y A LA PERSONALIDAD

Se explica: en “el país de un solo hombre”, igual, igualito que en el tiempo priista y panista el presidente de la república es el dador de todo.

Dueño del destino humano, su palabra es la ley. Da y quite. Pone, impone y destituye. Enaltece y arrumba. Incluye y excluye. Dignifica y sataniza. Encumbra y hunde.

Y, claro, está bien que Arvide y Sansores y Bonilla estén súper agradecidos con López Obrador. Pero, caray, hay límites. Hay rubor y pudor. Hay ética y moral pública.

Nunca, desde luego, se conocieron en el resplandor priista. Pero allá ellos, pues el mesianismo y la soberbia y la altivez y la arrogancia empinaron al priismo en las urnas.

Ahora, caray, la militancia de Morena va, está, en el mismo camino. Incienso “al paso” del jefe máximo.

Hay formas. Hay protocolo. Hay rigor diplomático. Ha de existir respeto a los ciudadanos de a pie y a la población electoral.

Es el culto a la personalidad. Pero como decía Juan Maldonado Pereda, 4 veces diputado federal, “en política cuídate de un tonto. Pero cuídate más de un tonto con iniciativa”…