Vie. Jun 5th, 2026

Durante tres meses y medio, Adriana Vichi Cruz, ex jefa del Departamento de Unidad de Género de la Fiscalía General hasta el mes de diciembre del año anterior, estuvo presa en el penal de Tuxpan.

Lejos de sus tres hijos.

Lejos de su pareja.

Y era inocente.

Lo resumió ayer cuando fue liberada: «Me fabricaron el delito».

Policías Ministeriales de la Fiscalía General la detuvieron acusada de proteger a Jorge Fabián, presunto homicida del alcalde electo de Lerdo de Tejada.

Pero…, ¿quién o quiénes impartieron la orden para su detención?

¿Y de parte de quién o quiénes la orden superior, superior, superior?

Así se imparte la justicia en el llamado Estado de Derecho que es, debería ser, Veracruz.

La 4T honrando y privilegiado los derechos humanos.

La 4T, izquierdista, la izquierda que en el mundo ha estado y trascendido por la defensa apasionada y vertical de los derechos humanos.

Le pusieron un cuatro.

La emboscaron.

Con saña y barbarie.

Alevosía, ventaja y premeditación.

Y si AMLO dice que sin la autoridad moral que tiene ya lo hubieran hecho papilla, caray, ha de preguntarse, por añadidura, la autoridad moral, digamos, en la Fiscalía General, para que de allí mismo emanara, quizá, quizá, quizá, la orden de capturar a Adriana N. e inculparla de un delito que nunca, jamás, cometió.

La piel y las neuronas y el corazón se enchinan y estremecen únicamente pensando, imaginando, visualizando, la autoridad moral con que se imparte justicia en el Estado de Veracruz.

Tres meses y medio en la vida de una mujer, primero, sin poder ver, abrazar, apapachar, querer, amar, a sus hijos.

Y a su pareja.

Y sin el ejercicio de su libertad en su vida profesional.

Además, conscientes en la Fiscalía de que Adriana N. era y es inocente, con todo y que también le inventaron el delito de ultrajes a la autoridad.

La ruindad total del espíritu humano.

Y todavía así, y a cada rato cuando es necesario, el gobernador y el secretario General de Gobierno, su padrino y protector, su Narciso Mendoza, su Pípila, le tiran incienso en el camino.

Tres meses y medio en la vida de una mujer, encerrada en las cuatro paredes de una celda, una crujía.

Unos 105 (ciento cinco) días y noches en la desventura de la soledad, la impotencia, la frustración.

Se ignoran las razones reales por las cuales fue detenida…

Cesada del cargo que ocupaba…

Confinada en una celda…

Enviada de Xalapa al penal de Tuxpan, lo más lejos posible.

Se ignora si fue por encargo superior de un político, una política…

Se ignora si fue, simple y llanamente, una venganza…

Incluso, venganza de género…

Una conspiración de los dueños del poder en la 4T…

Pero si un juez federal la declaró inocente…

Y fue dejada en libertad…

Caray, resulta insólito (y como hipótesis primaria) que adentro de la Fiscalía General existiera tanta perversidad y ruindad humana.

DAÑO SICOLÓGICO A LOS HIJOS

Ninguna culpa tuvieron los tres hijos y el esposo de Adriana Vichi para alejarlos de su señora madre y esposa durante tres meses y medio.

3 meses y medio, días y noches, los niños sin la madre a un lado.

Todo, porque en la Fiscalía General le «fabricaron un delito».

Significa, entre otras cositas, que la saña y la barbarie no están afuera de la Fiscalía, digamos, en la calle, en las carreteras, en los pueblos, en los ríos, en los árboles y en los puentes de donde los malandros suelen colgar a los muertos, sus víctimas, sino adentro.

Adentro de la Fiscalía General, y de manera presumible.

Un daño, más que político y/o laboral, sicológico a Adriana N.

A su pareja.

Pero más, mucho más, a sus tres hijos.

Y más porque la adversidad se emponzoña más, mucho más, en las mentes y los corazones infantiles.

Un niño despertar en la noche, a medianoche, a las 2, 3 de la mañana, la hora más pesada de la noche…

Y despertar de un sueño, mejor dicho, una pesadilla…

Y buscar a la madre…

Y la madre en el penal de Tuxpan por un delito que nunca cometió.

Caray, vaya forma de entender y aplicar el «Amaos los unos a los otros» de AMLO, el presidente.

Vaya interpretación de los ejes rectores de AMLO de «no mentir, no robar, no matar».

Y de besos y abrazos.

Y es que encerrar en la cárcel a una persona inocente pareciera un asesinato, un crimen, un secuestro, una desaparición.

La autoridad moral de la 4T echa una papilla en el Estado de Veracruz, donde tantas tantas tantas veces AMLO, el presidente, se ha enorgullecido de su góber, el más honesto y el más limpio, el hombre incapaz, dijo, de matar una mosca.

Nueve meses mantuvo el ex gobernador Javier Duarte a la reportera Marijose Gamboa Torales encarcelada, la mayor parte, en Tuxpan.

Adriana N., tres meses y medio.

Sean 9 meses o 3 y medio, el significado moral y ético está ligado a las mentes y corazones llenas de resentimiento, odio y hasta venganza.

«AQUÍ MANDO YO»

Adriana Vichi es y fue otra víctima del espantoso delito de ultrajes a la autoridad, derogado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, con graves recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y que el góber de la 4T desea sostener.

Mil 33 ciudadanos detenidos por ultrajes en las cárceles de Veracruz, más de mil 400 ciudadanos de a pie que dijeran abogados y partidos políticos.

Por eso, Adriana confesó que tiene miedo.

El miedo, que forma parte de la naturaleza humana, igual, igualito que el amor y el desamor, el cariño y el rencor, el afecto y la envidia y la venganza.

Su familia, los amigos, los vecinos, los conocidos, la población electoral, desearían que por ningún motivo Adriana N. sufriera un ataque de caspa, porque entonces, y de manera presumible, los autores del atentado serían ubicados.

Y estarían, digamos, en la Fiscalía General.

Por eso, cuando la Fiscal General tomó posesión expresó su identidad, filosofía de vida, sabiduría conductual, experiencia en la función pública, calidad humana, autoridad moral, en tres palabras: «Aquí mando yo», dijo.

Y todo indica, manda.