• El miedo del tirano

“El pez por su propia boca muere”. Dicho popular

El jacobino, disfrazado de redentor de la desgracia de la sociedad civil, de profeta palaciego —“en 6 meses acabo con la narcoviolencia”—, de populista y de apóstol de la democracia, le afloró el tirano que siempre ha llevado dentro de su aviesa personalidad.

Su tiranía, cerca, muy cerca de la autocracia, no es de hoy, de ayer, del 2016, no. Ha sido de siempre. El góber MAYL llegó como el mesías, el salvador de todos los males que aquejan a Veracruz. Se montó en la reivindicación, que a la luz de los agraviados sería la panacea de la justicia divina, pero la sinergia fue para su beneficio y su élite.

Su caída se venía venir desde el momento mismo en que su fallido bienio solo se dedicó a perseguir al exgobernador Javier Duarte y a sus enemigos del PRI, por su severa megalomanía y paranoia.

Pero se olvidó gobernar para todos, sus fobias y filias, acrecentó la lacerante pobreza extrema, la grave inseguridad, desempleo y generó el odio, exacerbación y abominación de los gobernados por su pueril soberbia y tiranía.

Su Waterloo se empezó a pincelar desde que dejó de responder a las demandas populares y el incumplimiento de una amplia agenda social, que nunca tuvo ni tiene interés de resolver, ni siquiera para ser recordado como el beato de los políticos que sacaron al PRI de Palacio de Gobierno, tras cerca de 80 años de hegemonizar la gubernatura de Veracruz.

Su apoteótico triunfo fue flor de un día. El tirano y sus testaferros —cualquier semejanza con el filme “Todos los hombres del rey” será mera coincidencia—, se van por la puerta trasera, en su corta travesía por el poder público dejan una nube de agravios, de impunidad y de muertos vivientes que gozan de cabal salud.

Con ropaje de jacobino, montado en su preciada virtud de político “impoluto”, “incorruptible” y “justiciero” para la maltrecha sociedad civil, el señor Yunes Linares acabó convirtiéndose en el peor tirano que ha tenido Veracruz, superando con creces a Javier Duarte y su pandilla.

La caída del góber del ‘cambio’, escrita el 1 de julio de 2018 por los votantes que se cansaron de su gobierno déspota y soberbio, coincide con la caída del jacobino Maximilien Robespierre el 27 de julio de 1794, junto con sus lugartenientes, fueron apresados y en la madrugada del otro día fueron guillotinados, acusados de gobernar con tiranía en Francia.

Acá la guillotina fue en el sentido figurado. Yunes Linares ha sido expulsado del poder público por Morena —a partir del 1 de diciembre de 2018— por su patología persecutoria, por criminalizar a activistas y periodistas y por intentar imponer una monarquía de facto con sus cachorros, que afortunadamente no prosperó.

Pero sí es un jacobino autosuficiente, dueño de una inmensa fortuna sombría que vino de menos a más en su paso por la gerencia de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA) con el hidalguense Jesús Murillo Karam —gracias a los oficios del exalcalde xalapeño Carlos Padilla Becerra— y un político “impoluto”, ¿por qué tiene miedo que haya un fiscal anticorrupción autónomo?

¿A qué le teme? ¿A qué le habrán un juicio como su antecesor Javier Duarte y a su prole? Porque no exhortó a los diputados de su partido (PAN) como lo hizo en el 2016 a los legisladores del PRI para que no aprobarán el nombramiento del Fiscal General del Estado.

¿Dónde está su congruencia, su inmaculada rectitud con el estado de derecho? ¿Fiscal anticorrupción para que le cubran la espalda a él y a sus lacayos? ¡No que muy honesto! Debió haber caído como una puñalada trapera a la cofradía panista la simulación, dobles y demagogia del góber del cambio.

Afectado por el síndrome de Hybris, donde la rigidez, egocentrismo, prepotencia, desprecio a las opiniones de los demás y anomías han sido el sello de su fracasado gobierno, el góber aliancista muestra cómo le aflora el lobo estepario y cómo ante la adversidad y la derrota le sale la mano tirana. No sabe perder.

El fiscal anticorrupción que encabeza el oficialista Marcos Even Torres Zamudio, se encuentra sostenido en alfileres porque su nombramiento transitó por un mar de la ilegalidad, pisoteando la Constitución Política local. Y una controversia constitucional o un juicio de amparo, de acuerdo con los letrados, podría obligar a los legisladores a reponer el procedimiento de la designación del fiscal.

Quién o quiénes creyeron que sería el reivindicador de los males endémicos, el profeta, el guía, el gurú y el iluminado que salvaría de la crisis social, de la impunidad, de la corrupción, del amiguismo avieso, de la inseguridad, del saqueo, del sojuzgamiento y de la bancarrota a Veracruz, se han llevado el peor de los chascos.

El brete nunca debió ocurrir, pero los mofletudos panistas y perredistas se endiosaron con su falso redentor y mesías, y ahora pagarán las consecuencias de su obcecación. ¡El banquillo de los acusados los espera con los brazos abiertos! ¡El infierno ya les llegó!