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Oct 30, 2018

Como dice la conseja popular: “No es lo mismo ser borracho que cantinero”

Durante años las oposiciones políticas en este país, aprendieron y se especializaron en ser los mejores críticos del sistema y a vivir de los “productos” de esa posición les daba de un estado urgido casi siempre de legitimación. Y es explicable, porque tanto la derecha como las izquierdas, nunca se plantearon seriamente la llegada al poder, vía el voto popular.

Más allá del discurso, no creía que eso fuera posible con un PRI históricamente avasallante lo que trajo como consecuencia, que nunca se plantearon seriamente para gobernar, en el mundo ligado a la academia, se pensaba que con acumular grados académicos se resolvía el problema.

Primero Cárdenas en 1988, Fox en el 2000 y López Obrador en 2018, aparentemente ninguno triunfó como producto de una acertada campaña política, más bien obedecieron muy probablemente a impulsos silenciosos de la ciudadanía harta de que Partidos y gobernantes que no solucionaban sus problemas y si en cambio debía soportar los escandalosos actos de corrupción, impunidad y cinismo. Un voto secreto dirigido al desconocido que decía dispuesto a cambiar¡¡¡¡ las cosas en favor de las mayorías.

Quizá por eso Fox perdió bien pronto los consensos y no le alcanzó el llamado “cheque en blanco” para la elección intermedia, donde perdió la mayoría en el Congreso. No es lo mismo que te sirvan y te atiendan como Diputado o dirigente partidista a servir al ciudadano y al pueblo siendo gobernante.

Y digo esto, porque probablemente es el origen de los tropiezos que tiene Andrés Manuel López Obrador, flamante presidente electo y muchos otros gobernantes locales que están llegado al poder a través de Morena, Acción Nacional u otro partido antiguamente de oposición al PRI.

Por cierto, hoy el Revolucionario Institucional es oposición y si bien muy disminuida, está muy lejos de desaparecer como pregonan muchos de sus detractores.

El PRI, ha sido y sigue siendo la gran escuela de cuadros de los partidos, pero no solo para acceder al poder, sino también para aprender a gobernar.  Lo refiero porque es lo que les falta a otros partidos.

En el PRI cuando se hace campaña, se toma muy en serio la oferta política que un candidato hace a la ciudadanía para obtener su confianza. Se estudian las necesidades –siempre mayores a las posibilidades- y se priorizan; se mide el techo financiero en el horizonte en que se va a gobernar y a partir de ahí, se calcula que obras o acciones es posible ofrecer y solo así se hacen compromisos de campaña.

Es decir, no se hacen compromisos ni se ofertan obras o acciones que no vayan a poderse cumplir, porque hacerlo es demagógico, irresponsable y te hace perder elecciones futuras. Por eso el PAN no hace campaña, no hace compromisos, solo imagen, mercadotecnia política pura.

Y con esto no quiero decir, que Andrés Manuel haya ofrecido algo que no estuviera dispuesto a cumplir, seguro estoy que al menos hizo un cálculo elemental de cuanto me costaría esto y cuanto me puedo ahorrar “si no robo y no permito que otros roben” y con eso me alcanza; pero la realidad es mucho más compleja que los buenos deseos.

Hoy que los legisladores de Morena mayoritariamente tienen que revisar y decidir sobre los presupuestos y que, además, tienen la responsabilidad de planificar y aplicarlos, resulta que no encuentran las partidas de donde salían los millones que se “estaban robando”, por eso ya se habla en de “fraudes perfectos”, para justificar el que no encuentren esas “enormes bolsas” de las cuales los gobernantes tomaban alegremente recursos para él dispendio y enriquecerse.

Los gobernantes corruptos ya no se roban el dinero del presupuesto, excepto los ignorantes o muy torpes y esos sí van a dar a la cárcel. Hoy los gobernantes corruptos se enriquecen del tráfico de influencias; de las compras infladas; de los moches en los contratos de obra pública; de la actualización de los grandes contratos de obra; las nóminas fantasmas y salvo esto último, no es fácilmente detectable a la hora de revisar y construir presupuestos.

Si esto fuera un concurso en la televisión o el reinado del Rey Feo del Carnaval, solo nos reiríamos, pero se trata del país en que todos vivimos, donde sí se comete una torpeza en ese nivel, todos sufrimos las consecuencias.   El riesgo de cometer equivocaciones como el “error de diciembre” de Zedillo, que le costó al país más de 50 mil millones de dólares, la pérdida de confianza de los mercados internacionales y la devaluación de la moneda, están latentes en este tiempo y eso por supuesto nos preocupa.

No está en juego el resultado de las elecciones intermedias como muchos morenistas piensan, está en riesgo la viabilidad económica del país y con ello cualquier posibilidad de prosperidad y progreso para los mexicanos, está en riesgo nuestro futuro, el de todos los mexicanos.

No se trata, de magnificar los errores de Andrés Manuel y los gobiernos locales de Morena, para abonar a su derrota en las elecciones intermedias, se trata de que las cosas que ofreció Andrés Manuel se cumplan, si razonablemente es posible lograrlo sin destruir al país.

Y si algo no fuera posible cumplir, pues hay que decirlo de manera humilde, pero sobre todo honesta como el propio Andrés Manuel nos lo ha dicho tantas veces.

Queremos que Andrés Manuel le vaya muy bien porque de esa manera a todos los mexicanos también nos va a ir mejor.

Pero también tiene que decidir de cara a los mexicanos, que es más importante: darle la pensión ofrecida en campaña a los adultos mayores ahora y no dentro de tres años, o darle la “pensión” a los “ninis” para aumentar la reserva clientelar de votos en favor de Morena.

Le recuerdo a Andrés Manuel, que fueron los adultos mayores quienes difundieron y sostuvieron su imagen y expectativa como buen gobernante, cuando fue Jefe del DF y la mantuvieron viva durante los años en que no gobernó y durante esta última campaña política a la Presidencia.

Espero no esté pensando en construir sus lealtades con “Guardias Bolivarianas”, como lo hizo la dupla Chávez-Maduro en Venezuela.

Como también espero que, en el caso de la consulta para el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, de entrada, insuficiente para preguntar a toda la nación, no se use como estandarte para tomar una decisión que de entrada es responsabilidad y le corresponde al ejecutivo de la nación.

Este último tema que me deja más dudas que certidumbres, me asalta una pregunta ¿Por qué no se esperó a tomar posesión como presidente constitucional para impulsar la consulta con los instrumentos del Estado: el INE? Eso lo hubiera librado de todos los señalamientos que hoy se le hacen y entonces si con recursos del Estado se haría la consulta a todos los mexicanos. ¿No sería esto último más democrático? Es pregunta…