
Abel Cadena Pérez / Catemaco, Ver.—“Brisa extraña de la tarde que declina, raro destello cayendo como bruma en el Cerro del Mono Blanco, quemante e indestructible, se va deslizando sobre el ennegrecido entorno, donde se extravían los humos, entre irisados vientos que elevan extraños y desgarradores gemidos, instante difuso de ensoñación maléfica el ritual empieza…
“El Amigo”, así lo invocan brujos y chamanes.
La medianoche del Primer Viernes de Marzo, con sus respectivas ofrendas y entregas, sellan el pacto con “El Amigo”, a quienes —a cambio—, les otorgan ciertos prodigios.
Son los elegidos.
Otros, aunque lo han intentado no ven nada de ese Ser.
La figura del Maligno aglutina en forma caótica; un buen número de creencias y deidades prehispánicas que se encubrieron tras la nueva simbología que el Cristianismo les proporciono.
Dicho ritual ancestral, tradición de esos hombres de poder, ha sido heredado de padres a hijos.
Gonzalo Aguirre Sánchez, ha heredado los conocimientos de su célebre padre don Gonzalo Aguirre Pech, y por la gran facultad que posee ha logrado, con entereza controlar y aplicar esos conocimientos sobrenaturales de manera exitosa, por varios años, donde lo realmente tangible es la cantidad de testimonios que avalan la eficacia de sus “trabajos”.
Con respeto y solvencia, hacia lo más sagrado, consolidando lo heredado por su señor padre, los orígenes y raíces tienen identidad propia en esta tierra, antiguo asentamiento Olmeca, cuna de curanderos, brujos y herbolarios, los más controvertidos del universo mágico mexicano, demostrando que la magia tuxtleña es dinámica y se adapta a los tiempos.
Lla negra noche del Primer Viernes de Marzo en Catemaco, fue todo un éxito.
