Mié. Jun 10th, 2026

Ø Enfermedad que mediatiza las ideas y/o acciona las claves para llegar a estadios de mejor entendimiento y reflexión.
Ø tiempos funestos, con lapsus de aprendizaje a una nueva era la reconversión de revalorar la conciencia humana y espiritual

SAN ANDRÉS TUXTLA, VER. | HERMILO COTO XOLOT.-Paradójicamente estamos tocando fondo, viviendo un tiempo crítico y dimensional„ sin precedentes en la historia de la humanidad. la aparición de la enfermedad del cov10-19, que vista desde la perspectiva de la filosofía bíblica se circunscribe como el cumplimiento de una profesía, aludiendo a uno de los cuatro jinetes del apocalipsis que, por su impactación en lo drástico, caótico y mortal, arremete contra las fibras más ínfimas y sensibles del ser humano individual, de las pequeñas y grandes sociedades, como del mundo en general.
Comparada la catástrofe más funesta, no solo por el mal en cuestión, sino porque a su paso deja tocar fondo de una realidad social médica en función de sus efectos multidimensionales en la vida del hombre en las cuestiones económicas y morales, la falta de trabajo, de alimentos, de atención médica, carencia de recursos económicos de muchos gobiernos para enfrentarlo, etc., asimismo, por el confinamiento casi total y definitivo, que arrastran también a estados de ánimos exasperantes
como la desesperación, el temor, el miedo hasta llegar a niveles de la angustia. mucho más, si la enfermedad en cuestión se haya asociada con otras condiciones de salud en las personas (diabetes, hipertención, obesidad, tabaquismo, etc.) se convierten en letales que conducen inevitablemente a una muerte segura.
Según sociólogos y psicólogos en la materia, el coronavirus es un mal que, por sus consecuencias relevantes en la salud física, emocional y social, ha llegado a la pérdida inherente de los valores humanos, a la minimización de la conciencia, a la baja autoestima, al toque de la
impotencia o bien, o ante el temor de fallecer no tanto por la enfermedad_, versa concretamente la paradoja ante el miedo de morir, pero por la desesperación de quedarse sin familia, sin trabajo, sin dinero y sin alimentos.
No obstante, los nuevos paradigmas y aportaciones en las ciencias médicas y. ciencias en general, a decir verdad, la enfermedad por su concepto y definición sigue siendo nueva: para muchos estudiosos es un enigma o un misterio aún sin resolver, soslaya el pensamiento racional, cuestiona y refuta la verdad y se inmiscuye en el prejuicio, en el desorden, en el caos en la imparcialidad y la suposición teórica. Su entendimiento se pierde más bien en el laberinto de los términos del lenguaje coloquial y fantasioso para aceptar a medias las definciones técnico. médicas e intelectuales y asumir banalmente las conjeturas y los decires comunes. las falsas interpretaciones, en las acciones y reacciones, éstos aún más péligrosas que la misma enfermedad porque se asocian con la beligerancia, con la ira, el odio, la xenofobia, la misoginia y la reacción. da incluso origen al disturbio con la agresión, hasta con la radicalización de masas que culminan en exposiciones de reductos verbales viscerales con insignias de «antigobierno», «antisocialismo» y «anticiencia» que animan y recrean las falsedades y el mal, la mentira y la desinformación que son tomados como basamentos por grupos de poder oportunistas con el afán de sacar provecho del estado de cosas críticas que genera la enfermedad contextualizada por la miseria y la tristeza, a mezquinos y leoninos intereses de grupo.
Mientras el pensamiento religioso no está varado ante la problemática de esta pandemia, ni mucho menos desactivado, ni inmovilizado, ni bloqueado. toma su parte correspondiente en el marco de lo moral y de la interacción humana. da su punto de vista y formula los planteamientos reales necesarios y urgentes que merecen buscar los métodos, los paradigmas y los raceres que apuntalen y reafirmen con mayor estrategia, perspicacia y eficacia, los principios de la ética bíblica a las nuevas coyunturas normativas sociales que exige la espiritualidad enmarcada, no en una fe a medias y a locas del tipo errático y fariseico, sino en la fe como método de una acción prácticamente trascendente objetivada en la dimensión social. está a su vez, trasladándola a un nuevo régimen de reconversión de la conciencia y la praxis de lo aprendido en el proceso de ese fondo que irremediablemente llevará a la profunda reflexión, a la honesta participación de la contrición en la verdadera ejecución del perdón, en la práctica del amor no como apología de las relaciones amoroso. sexuales, sino en el verdadero amor al semejante. sin lugar a dudas a la afirmación y reafirmación consciente, racional del amor a dios, el respeto a dios, el temor a dios y a la toma de conciencia de la existencia de dios.
Ese concepto y esa práctica adyacente, propia, inherente y natural, que en los tiempos ha sido abandonado a causa de las múltiples actitudes adversas del “hombre moderno», que ha dado rienda suelta al método anacrónico de su “libre albedrio” de su libertinaje, de sus prejuicios y soberbias. de sus hartazgos desquiciantes, en los términos supuestamente modernos actuales que arrastran los siete pecados capitales destructibles mundanales.
El concepto freudiano revelaría la enfermedad como una especie de neurosis derivada de la monstruosidad ocasiona la represión yo consciente y subconsciente. del superego en la perversa cultura de la enajenación de la sociedad de consumo; de la ausencia de una reintrospección apta sobre la memoria y el pensamiento supeditados o esclavizados por las “modernas” acciones desequilibradas de las deshumanizantes del relaciones humanas, por las prácticas individualismo y narcisismo feroces trastoca de igual modo la dicotomía del desamor en la infancia y el vacío doloroso en el adulto; del trueque entre economía y sexualidad promiscua y reprimida a una sexualidad libre y consciente. a lo que merece una nueva reinstalación y mejoramiento de la postura psicoanalítica conlleve a un mejor equilibrio de las emociones en función del buen desarrollo del cuerpo físico y del ser espiritual en general.
Carlos Marx definiría al mal en cuestión, como una degeneración de las relaciones de clase y el desecho de los procesos de los medios y modos de producción. de la podredumbre de la riqueza: la plusvalía e irracionalmente descompuesta por la corrupción en los malos gobiernos. expresión de la más abyecta decadencia y piltrafa del capitalismo imperialismo. hoy fin del neoliberalismo, la muestra maestra de los estados políticos e ideológicos implacables e inverosímiles de explotación del hombre por el hombre y de la llegada del clímax de la pobreza, de los rezagos sociales inconmensurables de la denodada tergiversación de la verdad día a día se circunscribe por la devastación sistemática e indiscriminada de los recursos naturales por empresas nacionales y transnacionales en detrimento sistemático de la salud humana. como individual y masiva.
Es pues en esta perspectiva, la enfermedad del covid-19, resultado de la más aberrante situación de pobreza que deja imponer sus reales en el saqueo desnaturalizado de las arcas del pueblo, dejando sistemas de salud al garete. carencias de las más elementales condiciones de infraestructuras médicas, higiénicas, alimentarias y educativas entre otras.
En este contexto, cabe señalar también la supeditación y esclavización de las personas al consumo obsesivo, potencial y nefasto de alimentos chatarra, cuya supuesta ironía descansan en los endemoniados caldos de cultivos a la llegada de las enfermedades crónicas que por decir metafórica o eufemísticamente culminan con la tragedia de convertir al cuerpo humano en una microindustria de la muerte; la diabetes, la obesidad el tabaquismo y la hipertención, entre otros males derivados
del neoliberalismo.
No más acuciante, cuando en el marco de la desesperación dan curso a ideas dislocadas de las que se extraen “verdades de las falsedades», de la imperante desinformación la que supone que dicha
pandemia obedece a un proyecto de maldad asombrosamente diseñada para generar «una especie de guerra bacteriológica tregua”, «de siembra del virus» derivada por motivos económicos e ideológicos, impulsadas por la avaricia y el encono de las mediciones de fuerzas en los poderes fácticos del mundo, para imponer sus reales y mediatizar a la sociedad a un «ultramoderno» estado de esclavización. u otros, quienes, en la mendicidad del conocimiento, la ignorancia y la inoscencia,
aseguran que la enfermedad del coronavirus es un invento, que la misma ni en el diccionario existe. lo cierto de ello, lo triste, frustrante y patético es que hay cientos de miles de contagios en el mundo y otra parte considerable de decesos con números reales, que no son cifras inventadas.
Como otra parte retroalimentaría de la filosofía burguesa para definir el covid-19 asociados con la corriente e ideología social de Robert Malthus, y del naturalismo de Carlos Darwin, los cuales concuerdan que es la consecuencia lógica de una situación mecanicista que se traduce en una pandemia derivada por el aumento insostenible de la población…»el poder de la población es superior al poder que tiene la tierra para producir el sustento del hombre, que la muerte prematura, de una forma u otra debe llegar a la raza humana…los vicios de la humanidad son agentes y capaces de despoblación, pero si éstos fracasan, las enfermedades, las epidemias, la pestes, son quienes se encargarán de ello’, a lo que el darwinismo justificaría con una sonrisa triunfal y maquiavélica concluyendo que la pandemia es obra del movimiento de la materia y que la naturaleza aplica en relación a sus propias leyes; y una de ellas es precisamente el de la selección de los seres vivos como parte de un proceso natural necesario para perpetuar la vida en el planeta…»los más débiles morirán, mientras que en el mundo sobrevivirán los mis fuertes’. aunque las ciencias naturales y exactas como las humanísticas y la dialéctica han negado estas «aportaciones».
Idealistas racistas y perversas, que han sido justificadas y por la preeminencia del poder de los grupos dominantes.
A la modestia de la interpretación de lo anterior, concluimos afirmando sin la menor duda, que esta situación que se vive por consecuencias del mal del covid-19; de lo que con la expresión del dolor
se experimenta ser testigo presencial de una realidad médica nunca vista; con el de «tocar fondo» hasta los niveles más patéticos e infrahumanos, ha hecho nacer y renacer por sus consecuencias lógicas y necesarias, las condiciones morales e ideológicas, como espirituales para que con ayuda de la ciencia y la técnica y las disponibilidades que sirvan prestar las políticas de un buen gobierno, sepan entender y adecuar los métodos y proyectos alternativos, las actitudes democráticas, la honestidad aplicada en la justa distribución equitativa de las economía nacional, para vencer la pobreza y otros rubros adyacentes causantes de la enfermedad en cuestión.
Por ende, considerar una pedagógica social e individual con las dimensiones espirituales necesarias, claves para llegar a estadios de es un mejor entendimiento y reflexión. el mal en referencia aprendizaje objetivo que, por antonomasia, en todos los escenarios del orbe, constituye un paso a despertar a una nueva era de compromisos reales, y funcionales para revalorar la vida personal y resolver conjuntamente no solo el problema que presenta hoy esta nueva pandemia en el planeta, sino todo tipo de embrollo y desajuste social- humano.