Jue. Jun 4th, 2026

El Congreso de la Unión legisló para que las trabajadoras domésticas sean incorporadas por los patrones al Seguro Social y a su vez, y de igual manera, usufructúen el legítimo derecho al INFONAVIT y las prestaciones establecidas en la Ley Federal del Trabajo y el derecho a la jubilación y/o AFORE.

Pero de pronto, el Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO) ha descubierto lo que la mitad de la población obrera y la otra mitad saben y de sobra y al dedillo: Rara, extraordinaria ocasión,

los patrones, los empleadores, cumplen con la ley.

Bastaría referir, y por ejemplo, el caso de la mayor parte de los trabajadores de la información (reporteros, fotógrafos, camarógrafos, editores, secretarias en los medios), sobre todo, en provincia, donde los patrones se hacen tontos y guajes.

Más, porque en los periódicos y estaciones de radio y televisión y medios digitales, extraordinaria, insólita ocasión hay sindicato, digamos, “para la defensa de los derechos”, con todo y que si los hay bien pudieran ser “blancos”.

El caso es que las trabajadoras del hogar siguen en la absoluta indefensión como estaban antes de que un montón de asistentes domésticas en la Ciudad de México “se pusieran las pilas” para defender sus legítimos, legítimos, legítimos derechos.

Según ellas, la reforma ”obliga a la inscripción en el Seguro Social, pero no contempla los mecanismos de supervisión e inspección para que los empleadores cumplan con la responsabilidad” (La Jornada, 18 de marzo, 22).

Cierto, siempre es y ha sido así.

Los diputados, federales y locales, aprueban una ley. Pero en ningún momento están obligados a vigilar su observación.

Entonces, la mayoría la incumplen, como el caso de los patrones con las domésticas.

Ahora, a cada una de ellas corresponde hablar, platicar, dialogar y negociar, primero, con las patroncitas, y luego con los patrones, para el cumplimiento de la ley.

¡Ah!, pero en tales conversaciones, todas, absolutamente todas, corren el riesgo tan desafortunado de que la misma patroncita les diga la consabida frase: “Si quieres renunciar, la puerta está abierta. Allá afuera hay un montón de solicitantes esperando una oportunidad”.

Y es que exactamente así, tal cual, “al pie de la letra” son la mayoría de los patrones de todo tipo de negocios, empresas, comercios, industrias, fábricas y changarros.

 

LAGUNAS LEGALES DE LOS DIPUTADOS FEDERALES

 

“A vuelo de pájaro” hay en el país dos millones y medio de trabajadores domésticas, y de las cuales, apenas, apenitas, el dos por ciento están afiliadas al Seguro Social.

Es decir, unas 41 mil con el beneficio otorgado por la ley a los trabajadores de la república amorosa.

Pero con todo y que son trabajadoras del hogar, eficientes y eficaces, en muchas ocasiones sustituyendo a la señora de la casa, la madre de los hijos del hogar correspondiente, enfrentan otra desigualdad:

Son empleadas esporádicas. De vez en vez. A veces, uno o dos días a la semana. Y unas horas.

Y esa misma circunstancia imposibilita el beneficio del Seguro Social, porque se trata de una laguna, un océano, un mar inmenso, un hueco que los legisladores dejaron (se ignora si a propósito) fuera de la reforma de ley.

Y, por tanto, la incorporación al SS queda “a discrecionalidad del patrón”, con el gravísimo riesgo de que el legítimo derecho quede anulado… por la omisión correspondiente de los legisladores federales.

Más ahora en el tiempo del COVID (dos años de tragedia sanitaria) en que la mayoría de las trabajadoras quedaron desempleadas, laborando unos cuantos días a la semana en todo caso, y hasta con la reducción salarial.

Además, los legisladores pusieron otro candado, indicativo y significativo para definir y precisar el lado en que estaban, el siguiente:

Para que la asistente doméstica cuente con el beneficio, el patrón ha de declarar al Seguro Social que le pagan seis mil pesos mensuales y lo que por donde quiera se vea significa un hecho discriminatorio “porque al resto de trabajadores en ningún momento se les exige”.

Por ejemplo, en Veracruz hay trabajadoras domésticas a quienes pagan unos trescientos pesos al día y en la mayor parte de los casos trabajando dos o tres días a la semana en una casa y en otra casa otros dos o tres días para completar la semana.

Entonces, si una patroncita las contrata dos veces a la semana son 600 pesos de paga y lo que hace dos mil 400 al mes.

Y si labora tres días son 900 pesos a la semana, tres mil 600 al mes.

Y, por tanto, queda fuera del beneficio del Seguro Social, pues nunca, jamás, ni de chiripa, se aproxima a los 6 mil pesos mensuales precisados en el SS.

Norma Palacios, la dirigente nacional del sindicato, lo resume de la siguiente manera: “La reforma se convertirá (se ha convertido) en letra muerta y no saben cuánto tiempo pueda pasar para que se les pueda obligar a los empleadores a cumplir”.