POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ .
Capítulo 12.
Aquella misma tarde ya con tiempo libre, fuimos hacia la estación de Sants, para reservar boletos en el tren para Avignon y París. Después nos reuniríamos con nuestra amiga Irene de Montesol, quien había organizado nuestro viaje a Grecia y lo tenía preparado para el día 16. Felices por haber completado el itinerario del tour, nos dirigimos a la casa de Rosita y Mimi quienes amablemente nos invitaron a degustar una deliciosa paella casera. Por la noche los Flamarich nos llevaron a conocer las instalaciones de La Villa Olímpica, y terminamos en el restaurante Dolceta 2, la cuna del caracol, ubicado en la calle de Urgel no. 266. Luego de cenar brindamos con Champagne debajo de unas higueras, ahí estuvimos hasta las tres de la mañana. Para mí fue el festejo de mi viaje, el festejo de la vida.
Estando en la estación de tren, el día 10, en el andén 11, esperamos durante dos horas, y aprovechamos el tiempo en ir a cambiar euros. Cambiamos 200 dólares y nos dieron 1744 francos. El tren salió de acuerdo con la hora establecida, y estuvimos disfrutando el viaje observando los bellos paisajes, aún recuerdo los asientos que ocupamos en el tren, eran 23D y 26X. Salíamos de Sants y Paseo de Gracia para llegar a Gerona y Avignon.
Antes de Avignon pasamos por Figueres y Port Bou, el último pueblo español. A las 11.55 nos detuvimos en Cervere, la primera ciudad francesa donde hubo revisión aduanal. Más tarde atravesamos Port Vendre, Les Cigreres, Perpigan, Naubener y por último Nimes. En Port Vendre ya en el mediterráneo, nos volvemos parcos en palabras porque vemos el mar que nos enmudece por su cambiante gama de colores, un perfecto hibrido del verde y el azul, y por aquella fantasía infantil de piratas que vivían en el mar, libres y con la vida siempre expuesta a los altos designios. Todo es historia y esos recuerdos que nos dejan huella y sentimiento en cada población, en cada persona, ya que en cada rincón siempre existe algo especial que conocer.
En Figueres recordé a Salvador Dalí, gran maestro del surrealismo y le aumento, del humorismo. El Avignon de Nostradamus con sus profecías que trascendieron la curiosidad humana. Y París, que embelesados por décadas ha sido la inspiración de los artistas. Llegamos a Gare de Austerlitz, la estación de París a las 10 de la noche, buscamos el metro que nos llevó a la Plaza Italia donde caminamos 200 metros para llegar a un pequeño hotel en la calle Tolbiac. Encontré el París de siempre, alegre y colorido; con hombres sumergidos en la lectura leyendo periódicos o grandes libros. Y los múltiples enamorados que se entregan a sus efusiones sin pensar quién los rodea.
Llegamos al hotel y pensé que aún era tiempo para recorrer las calles de la ciudad, con cierta fatiga del viaje me lancé con entusiasmo a conquistar París. Para encontrarme con su historia, su excelso arte, su visible ciencia, sus costumbres o simplemente observar el cielo sobre El Sena.
Al otro día en cuanto los rayos del sol empezaban alumbrar tímidamente sobre la ciudad parisina. Bajamos a tomar nuestro primer café que resultó aún más disfrutable al sentirnos en la capital francesa. Con energías recargadas nos dirigimos hacía el museo de Louvre, un recinto que fue inaugurado en el siglo XVIII, siendo el más importante de Francia y el más visitado del mundo. Ilustra la historia de la creación artística a través de la obra de las grandes civilizaciones. Cuenta con grandes colecciones de la monarquía francesa y expoliaciones realizadas durante el imperio Napoleónico.
Llamó mi atención la imagen de Richelieu, plasmada sobre un lienzo del pintor Champaigne quien creó una imagen del cardenal representado como un soberano. Richelieu fue un cardenal aliado de Luis XIII de Francia, quien durante los dieciocho años que ejerció la autoridad del clero obtuvo un poder omnímodo. Fue protector de las artes y las letras, poniendo la creación cultural al servicio de la propaganda absoluta de la monarquía, siendo el impulsor de edificar la Sorbona y el Palacio Real de París. Al momento de su muerte donó su enorme colección de arte personal a la corona.
Nos embelesamos de encontrarnos con La Gioconda de Leonardo Da Vinci, el género del pintor es un ostentoso refinamiento fusionado en la armonía de los colores. Se encuentran también obras de Rafael con la bella jardinera; de Tiziano Mujer en el tocador. La delicada pintura flamenca con sus representantes, El Bosco, Pieter Brueghel y Jan Van Eyck entre otros grandes del movimiento iconográfico. España también hace gala de su historia artística a través del Greco, Zurbarán, Goya, Velázquez y Murillo que en forma extraordinaria hacen su presencia.

