POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 15.
Otomanos, turcos, albaneses, católicos, judíos, es lo que cotidianamente vemos en las calles. Los albaneses en espera de ir a los viñales, los musulmanes con sus oraciones dirigidas a la Meca; ministros ortodoxos caminando o esperando por almas que salen del rebaño. Es abrumadora la antigüedad clásica, el pensamiento está en el Partenón, en la Acrópolis y con Pericles del siglo de Oro. Atenas debe su nombre por Atenea, la diosa protectora nacida de la cabeza de Zeus. Según la leyenda se funda la ciudad por Cecrops, después de la competencia de los dos dioses del Olimpo, Atenea y Poseidón. La diosa de la sabiduría venció y se hizo protectora de la nueva ciudad. Es en el siglo de oro, cuando Pericles gobierna sabiamente.
Por la mañana fuimos a Plaka o el Barrio de los Dioses, por su cercanía con el Acrópolis. Es el barrio más antiguo de Atenas; nos impresionó el mercado de artesanías sobre todo por los motivos mitológicos, Marte, Baco, Hércules entre muchos otros representados en marcos y esculturas. Aquí se encuentran muchas iglesias, pero la más concurrida es la iglesia de San Nicolás Rangavás, un templo estilo clásico edificado a inicios del siglo XI. Actualmente es un recinto muy solicitado para realizar bodas. Terminando fuimos a comer una deliciosa tinga acompañada de cerveza holandesa.
Para trasladarnos a Cabo Sunión (está a 80 km de la ciudad de Atenas) atravesamos en el trayecto por el instituto de Cardiología donado por el magnate naviero Onassis. El lugar se utilizaba en la antigüedad para poder estar atentos a los barcos que se acercaban a la costa griega. En Cabo también se encuentra el Templo de Poseidón; los griegos lo levantaron hace aproximadamente 2.500 años. Este templo ha representado en la historia una referencia cultural de gran importancia para los atenienses de la antigüedad y los de hoy en día. Ya que honra a la deidad que representa al segundo dios más importante después de Zeus. Estar en el Cabo, viendo el esplendor del mar y los rayos del sol iluminando a Poseidón, es estar inmersos en la mitología.
Enfrente del Cabo está la bella Elena, majestuosa Isla con indescriptible puesta del sol. Los rayos solares iluminan el verde plateado de los campos de olivo, pero cuando caen sobre el azul del agua y lo trasforma en flores rojas, el mar se vuelva inimaginable. El crucero en que nos desplazábamos era suave y lento sobre el mar Egeo. Poros, Egina e Hidra fueron las islas que conocimos del golfo de Salónica. Egina es una isla privilegiada, con una gran belleza natural y un apacible clima templado. Antiguamente la isla era conocida por realizar intercambio comercial con lugares cercanos, ya que se encontraba estratégicamente dominando el Egeo, y forma parte del mar mediterráneo que comprende parte de Grecia y Turquía.
La isla es un tanto ruidosa, descargan mucha frutas y verduras en su puerto, sus tabernas son muy animadas y abundan los vendedores de pistache. Hay mansiones clásicas y el puerto tiene antiguos amarraderos. A la izquierda se divisa el Templo de Apolo, quedando solo una columna. En el templo nació la leyenda del Oráculo de Delfos quien tiene como protagonista al dios Apolo.
La puesta de sol aquella tarde envolvía la atmosfera con un aire de nostalgia. Nos llevó a imaginar las aventuras de Ulises. Aquel héroe legendario de la mitología griega, personaje de la ilíada y Odisea. Ulises intervino en la Guerra de Troya con el Caballo de Troya, sus viajes en esta aventura conformaron La Odisea. Nos emocionamos al vemos en sitios donde surgieron los ayeres de glorias doradas e imperiales. Estar donde nació la magia de la mitología.

