Por Jesús Alejandro Velasco Ventura.
Veracruz se ha ubicado durante años entre los tres primeros estados del país que vende y produce más toneladas de tabaco, según cifras del INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), por su parte, el municipio de San Andrés Tuxtla abarca gran parte del sector tabacalero. De esta importante actividad económica en la ciudad surgen dos oficios presentes en muchas familias de la región: agricultor de tabaco y purero (persona que hace puros; cigarrillo artesanal proveniente del tabaco).
Con la finalidad de indagar acerca del oficio de ser un purero, en entrevista, Eligio Velasco Martínez, trabajador con 4 años de experiencia en este rubro, contó diversos aspectos relacionados al desempeño y proceso de elaboración de este producto.
En primer lugar puntualizó la necesidad de las hojas de tabaco que se cultivan de igual manera en esta tierra como materia prima, sin embargo, aclaró la intervención de los agricultores para obtenerlas.


“Nuestro trabajo requiere de las hojas secadas debidamente y eso no tiene que ver con nosotros, aunque hay empresas que tienen también sus hectáreas para sembrar… con eso ya podemos empezar a trabajar”, dijo.
Debe señalarse la existencia de diferentes áreas para conseguir el resultado final, por lo tanto, Velasco Martínez platicó acerca de ellas. En un inicio, los “despalilladores” se encargan de quitar la vena de las hojas y seleccionarlas por color, tamaño y aspecto, puesto que, dependiendo de ello, se utilizan en distintos pasos; las mejores se ocupan para darle vista al puro y las otras en la capa interna del mismo.
“Los despalilladores son los segundos en la escala de producción, tomando en cuenta a los que siembran”, mencionó.
En este orden, los “enrolladores” usan las hojas de calidad media para formar lo que será el puro, con una máquina simple llamada bonchera; la función de esta es compactar de manera cilíndrica el tabaco, no obstante, aclaró que existen distintas técnicas para este paso.

Acto seguido, viene el trabajo de los “roladores”, ellos tienen las hojas de mejor aspecto, tamaño y color, y son usadas en la presentación visual del mismo, siendo envueltas en el exterior.
“Cuando queremos darle término al puro, usamos las hojas más selectas, porque eso le da realce visual y porte… dependiendo de su tipo, se eligen diferentes tonalidades de colores cafés”, indicó.


A continuación, los “anilladores” pegan por encima los cintillos con la marca que identifica el origen y empresa de dónde provienen, también, en algunos casos se opta por logotipos para diferenciar el tipo y calidad.
“Los anillos no deben de faltar para que los compradores conozcan a quién le están comprando”, explicó.
En último paso, los puros ya terminados son acomodados en humidores, cajas de madera especialmente creadas para contenerlos, aunque, estas se pueden reemplazar por papel celofán para un acabado más rústico.
“Se puede hacer con celofán, pero, en lo personal no me gusta así. Nosotros hacemos un producto que a diferencia de los cigarros, los puros, en ocasiones pueden ser considerados como un lujo”, manifestó.
Finalmente, el purero hizo mención a que existe la posibilidad de agregar otros procedimientos, en caso de requerir cierto aroma, forma particular e incluso creaciones propias atribuidas a cada trabajador y comercializadas como únicas en su tipo, destacó, en cambio, que eso ocurre más con las especificaciones de cada cliente y la creatividad personal.
“No hay una sola manera de hacer puros, la belleza de esto es que si queremos y se nos permite crear uno nuevo, lo podemos hacer, pero, ya hay formas establecidas”, señaló.
Los puros de San Andrés Tuxtla, Veracruz son exportados a al menos 15 países por las mayores empresas de la ciudad, gracias a ello, el municipio se ha convertido en un referente nacional de este producto. Tan solo en 2023, las actividades relacionadas de ventas para Veracruz significaron 92.9 millones de dólares, según datos del INEGI, consolidando así esta importante actividad económica, destacando, por consiguiente, el trabajo tanto formal como informal arraigado desde generaciones en distintas familias sanandrescanas y de la región en un proceso totalmente artesanal, debido a la necesidad de la mano de obra humana.

