POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 27.
Siempre he creído que para poder conocer una ciudad debes conocer sus iglesias, los museos, el centro de la población, y sobre todo los mercados con sus sonidos, su música, las risas y palabras, solo así conocerás a su gente. Visitamos La Catedral de Lugo, donde el santo patrono es San Froilán; quien está expuesto todo el año y es venerado como un simbolismo de identidad de la ciudad. San Froilán nació en Lugo en el año 832, desde pequeño llevó una vida de oración y soledad. Varios eventos lo llevaron a interpretarlos como señales divinas para evangelizar con la palabra. A su muerte es enterrado en León. Aunque en el año 1614, casi 800 años después del nacimiento del santo, solicitan al Papa alguna reliquia del cuerpo del santísimo patrono San Froilán; actualmente en la Catedral de Lugo se conserva un relicario con forma de brazo.
Decidí permanecer en la misa que se estaba realizando en ese momento; había dos sacerdotes en la eucaristía. Me impresionó la gran devoción de los feligreses, atentos al sermón y a cada indicación de los curas, igualmente al momento de tomar la comunión todos con gran concentración y fervor; me acordé de un refrán muy popular que reza… para asuntos de piedad, doctores tiene la iglesia. Medité sobre la transformación que puede llegar a tener el ser humano. Un joven liberal, rebelde y con ideas revolucionarias en contra de muchas instituciones ya sean cívicas o religiosas, llega el ocaso de la vida, la eminente vejez, con un enorme peso en la génesis de los sentimientos y conducta. Ahi nos inclinamos con pena hacia lo sagrado, hacia lo desconocido.
Lugo es una ciudad típica española, fue la ciudad sagrada de Augusto, en ella no existe influencia de extranjerismos en su gente y en su cultura Las personas siempre se muestran amables, y su manera de vivir es muy apacible. Quizá es la razón del porque es una ciudad silenciosa y ordenada. Después de estar algunos días en Lugo, decidi buscar boletos para dirigimos a Santiago de Compostela. En la estación del tren me encontré con la sorpresa que no había boletos, así que siendo Lugo un pueblo aún pequeño y de fácil recorrido, me dirigi hacía la estación de autobuses. Caminé entre las hermosas y clásicas calles empedradas del lugar, observando la arquitectura y la apacibilidad de su gente.
Cuando por fin emprendimos nuestra salida a Santiago, todo el recorrido resultó un peculiar trayecto. A partir de Ronceviles, en Paláis empezamos a ver muchos peregrinos, quienes realizaban el camino andando, en bicicleta e incluso algunos montados en caballos. Muchos de ellos con su vieira, una medalla colgada muestra de orgullo local; una capa, un sombrero para las inclemencias del clima, una bolsa para el pan, y una calabaza para el agua. Teníamos que llegar a Paláis de Rei, que se encontraba a 60 Km. Y era el último tramo del camino francés. A veces los tramos resultaban difíciles, pero pasamos por muchas aldeas, ríos y valles que hacían agradable el camino.
La historia de la peregrinación se remonta a más de 1000 años con el descubrimiento de la tumba de Santiago el Mayor. Pero es hasta el siglo XII por promoción del arzobispo Diego Gelmírez, cuando Santiago se convierte en la meta de la peregrinación cristiana. La primera catedral se construye sobre la tumba de Santiago, y gradualmente nace una ciudad a su alrededor.
Cuando empezamos andar en el peregrinaje, notamos que muchos lo hacían a pie con su vieira y su bastón, me parecía a veces que se trataba de un manicomio ambulante. También en el camino transitábamos por algún arroyuelo, que con su suave susurro era la melodía pacifica que nos acompañaba, y que a su vez parecia indicarnos la velocidad del camino en lugares estratégicos.
Y así caminábamos sin prisa, si apresurarnos con las manecillas del reloj. Descansábamos de pronto en algún lugar que llamara nuestra atención. Y entre aquellos recesos necesarios, nos sentamos en un café atendido por un matrimonio de origen alemán, donde aprovechamos a comernos una torta con su clásico jamón español, que nos supo a un pedazo de gloria después de un rato de peregrinaje.
Después de algún par de horas el cansancio se hizo presente; Freya y Bella María decidieron tomar un autobús, y acordamos reencontrarnos en Melide. Me quedé solo caminando entre paisajes con naturaleza tan diversa a la que existe en América; se antojaba un camino decorado para los peregrinos, con uvas, moras y manzanas silvestres creciendo por doquier, aquello resultaba un pequeño paraiso terrenal. En mi andar también atravesé por muchas aldeas despobladas que invitaban al silencio y a la reflexión espontanea, siendo de pronto interrumpida por uno que otro peregrino que se atravesaba por mi camino.
Caminé cerca de la iglesia de Santa Lucia, la cual estaba cerrada en el momento de mi travesía. Me hubiera gustado el poder sentarme, descansar y orar un rato. Pero al verla cerrada, decidi continuar. Es, significativo decir que en cada solar encontraba un hórreo y una cruz, simbolo de la historia social de Galicia.
Al iniciar el camino nos dieron una cartilla para que a pudiéramos sellar, solo lo realicé en Mata Casanova y en la iglesia de Sta. Lucia. Llegue a Melide, un crucero estilo romano donde espere a mis acompañantes de viaje en una pulpería muy popular llamada Ezequiel. Ahi conoci a Daniel, un ciclista que viajaba desde Roncesvalles; me explicó que el tramo más bonito del recorrido era el de Navarra. Su travesía la efectuaba de 10 a 100 km diarios. Freya y Bella María llegaron tarde a nuestro encuentro porque comentaron, fueron a reservar en un hotel llamado Xaneiro. Mi interés era pernoctar en un albergue del que muchos hablaban, sin embargo, no lo pudieron encontrar y me resultó un tanto frustrante, ya que hubiera sido una experiencia diferente. Un albergue en el cual hospedan alrededor de 130 peregrinos, muchas anécdotas que escuchar.

