POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 28.
Al otro día pasamos por Santiago de Oboente, Castañeda y más tarde dormimos en Arzúa. En un hotel de origen suizo célebre por sus exquisitos quesos. La tercera y última etapa del camino se trasformaba; y nos encontrábamos aún más peregrinos en el trayecto. Pasamos Vilaboa, Lacolla y en Monte Gorgonzo, a este punto, se podían empezar a percibir las torres de la Catedral; la ciudad peregrina del cristianismo.
El camino de Santiago es patrimonio tangible e intangible de la humanidad y primer itinerario cultural europeo.
De pronto una sensación estremecedora se apodero de nosotros. Estábamos junto una gran cantidad de peregrinos de todo el mundo, con diversas maneras de entender y percibir el trayecto, pero que al final una misma meta nos interrelacionaba con la magia de la aventura. Todo ese pensamiento cargado de emoción se tornó aún más fuerte cuando las campanas empezaron a cimbrar jubilosas la llegada de miles de personas. Era el símbolo de la felicidad, la memorable experiencia recompensada con música armonizada desde lo alto de la Catedral.
Llegar a la catedral con su torre de reloj, era recordar que todo forma parte de una hermosa leyenda; escrita y trasmitida desde los inicios de la población hasta nuestros días. Todo este paisaje histórico es también recreado a través de su contexto natural. La vegetación es por demás exuberante, y en la zona se sen entran frutos que para nosotros resultaban exóticos, pero que son representativos del ecosistema del lugar. Las lluvias intensas hacen su aparición en el transcurso del año. Incluso cuando observas las piedras de la población, estas reflejan los destellos solares, pareciera como si siempre estuvieran mojadas.
En Santiago nos hospedamos en un pequeño hotel de tan solo siete cuartos, el Rens, a pesar de su tamaño tenía la gran fortuna de estar céntrico, esto lo hacia contar con gran demanda entre los visitantes. Alrededor de este pudimos encontrar cafés, bares, y la esperada y siempre bien recibida…pulpería tradicional, donde animosamente degustábamos de exquisitos moluscos junto con una fría caña de la región. Disfrutábamos también esos momentos sentados observando a quienes transitaban por las calles, y pasábamos horas intercambiando anécdotas y percepciones de cada lugar que conocíamos.
En la Iglesia los domingos al medio día se realiza la misa del peregrino; así que decidimos llegar unos minutos antes de que se empezara a oficiar la eucaristía. Cuando llegamos había una interminable fila para poder dar un abrazo a la figura del patrono Santiago. Eso no nos desanimó para acercase a su presencia; debíamos tener nuestra propia conexión por haber cruzado el Atlántico y estar en su pueblo.
En el altar mayor empezaron a oficiar la misa diez sacerdotes, y cuarenta personas atendían el Botafumeiro. Una gran cantidad de incienso se utiliza como perfume frente a los esforzados peregrinos. Es espectacular verlo oscilar en la nave mayor empujado y guiado por los turiferarios. Después de haber disfrutado la ceremonia eucarística, decidimos irnos al hotel de los Reyes Católicos y estando ahí a la antigua usanza, el menú era de gallo de corral en salsa de repollo y
almejas.
Para terminar el camino lo debemos hacer hacia Finisterre…. el fin de la tierra; donde según la tradición, se debe tirar la ropa sucia en los acantilados y de esa manera nos libraríamos de todos los pecados. Por este tramo existe un río donde se encuentran caminos con zonas de cultivos de árboles frutales y maderables, como cedro, nogal, castaño, pino y robles. También adornan el paisaje árboles medicinales como el eucalipto, el cual es utilizado para la captura de mejillones; construyen una balsa de seis por seis metros y ahí llega el crustáceo a reproducirse, en estos ríos hay aproximadamente 3500 balsas. Nuestra primera parada fue Noia, una hermosa villa que se relaciona con el Noé bíblico. En todos estos pueblos no hay monumentos arquitectónicos ni iglesia grandiosas, son pueblos para pasear tranquilamente por sus pacificas calles y sus plazas; es admirar el presente de su gente y la cosmovisión a través de sus creaciones contemporáneas.
Muros y Concurbus son otros pueblitos antes de llegar al Cabo. Concorbus tiene playas como el Sardinero y Langosterio; playas fieles al nombre que les fue asignado, por contar con abundante alimento marino en su haber. Famoso por recetas mediterráneas únicas que solo se tiene la dicha de disfrutar en aquellos lugares, con la compañía de vino fresco y el aire que forman brisas provenientes del mar. Antes de llegar a Muros conocimos Carnota, donde existe el hórreo más grande Galicia, de aproximándome 35 metros de longitud, utilizado para almacenar el diezmo parroquial.
Muros es una ciudad tranquila, hay unas callejuelas que se caminan con enorme paz. Desafortunadamente la lluvia hizo que detuviéramos nuestro paseo y nos refugiáramos en un bar frente al puerto, donde había 20 barcos anclados. Aquí es la costa del norte donde han existido cientos de naufragios, el último fue el de Ancoraven. Es por lo que en el cementerio se encuentran restos de alemanes e ingleses. La lluvia de pronto se evaporó, y el sol empezó alumbrar inesperadamente; se podia notar aquel inmenso mar con colores tornasoles formados después de la lluvia…. se sentía una tranquilidad especial. La claridad de la tarde nos hizo regresar a recorrer los callejones.
Nos trasladamos a nuestra última ruta, el Finisterre, donde se conecta con el mar y se forma la parte más occidental de Europa. Existe una extraña sensación de soledad, y en los dos extremos fuertes oleajes y vientos. El faro imponente es el gran guía de los barcos. Aqui termina el camino donde está el km.0, y se encuentran los acantilados para desprenderse de la ropa sucia y de los pecados. Según cuenta la tradición, estamos en el cabo del fin del mundo, el mar es el protagonista, lo barcos toman su ruta habitual y también buscamos ver a lontananza al golfo de México.
En el trayecto de Finisterre a Santiago, realizamos nuestra ya tradicional marcha. Y con la suerte que esa noche en particular, pudimos presenciar una celebración de concurso de tapas. Recetas típicas e inigualables, elaboradas con ingredientes frescos del mediterráneo que se degustaban con regodeo. Probamos el bacalao preparado a la vieja usanza, junto con una tortilla a la española y un vino de rioja… Ave cesar los que van a beber te saludan…

