Vie. Jun 5th, 2026

“El vínculo del pulso está ahí, llamándonos a formar hogar y a sentirnos familia, no campo de batalla y desconsuelo. Con genuina empatía hacia todos, hemos de ofrecer nuestra colaboración, para que la noble tarea de servicio sea más poética que política, menos interesada y más donante en suma”.

Nuestra propia vida debe contar con el estimable propósito de ser, un permanente encuentro sorpresivo con aquello que nos acompaña, incluidos nuestros semejantes, y un reencuentro consigo mismo. Necesitamos hallarnos corazón a corazón, para la concurrencia de latidos en un mundo repleto de ofensivas, que ha de fraternizarse y no destruirse. Sin duda, tampoco es saludable para nadie mantenerse distante, ni indiferente o pasivo; la cercanía es fundamental en un planeta, totalmente globalizado, que requiere del don de la concordia entre semejantes. Hemos de entrar en diálogo, sin exclusiones de ningún tipo, sabiendo que nadie tiene la verdad absoluta. Por eso, es vital escucharse, atenderse y entenderse, unirse y reunirse en alianza, para conciliarnos entre sí.

Seamos responsables, pues; comprometámonos en defender y proteger los derechos humanos, poniéndonos en disposición de esas gentes, que son víctimas de un aluvión de injusticias y dejadez por parte de todos. Ciertamente, las autoridades tienen que implicarse mucho más, pero también nosotros tenemos que redoblar esfuerzos en la lucha contra la impunidad, fomentando la unidad y el amparo, nunca el aislamiento y el desamparo. El vínculo del pulso está ahí, llamándonos a formar hogar y a sentirnos familia, no campo de batalla y desconsuelo. Con genuina empatía hacia todos, hemos de ofrecer nuestra colaboración, para que la noble tarea de servicio sea más poética que política, menos interesada y más donante en suma.

Esto nos demanda el cultivo de una racionalidad humana más observadora, justa e ilustrada. En efecto, hay que salir de esta mediocre mundanidad, conocerse y reconocerse como seres en relación, apoyarse en caminos recorridos, pero esperanzarse en otro futuro más melódico que terrícola. Desde este enfoque, se muestra que la confianza en la certeza y la razón en la conciencia, no sólo no se oponen, sino que se apoyan y complementan de modo admirable. Sea como fuere, en tiempos tan revueltos, donde los avances tecnológicos parecen dejar en penumbra a los problemas más trascendentes, la ciudadanía se merece un reposo para cuestionarse y; además, una acción y reacción a la crecida de inseguridades, tras pensar y repensar el camino a tomar.

Sí, es bueno meditar, encontrarse uno a sí mismo y salir a desprenderse en busca de una mano amiga. Buscando las lozanas sensaciones se hallan las imágenes, las nuevas sendas con sus lenguajes y sensibilidades; quizás tengamos que poner más poesía y menos poder, porque nuestras entretelas son débiles y el cuerpo orgulloso, lo que debe animarnos a no desfallecer jamás, para poder bajar del pedestal y liberarnos del aluvión de cadenas que nos ahogan diariamente. No olvidemos que el tiempo es el mejor guía, siempre encuentra el momento para inspirarnos, para sentirnos musa y volvernos poetas en guardia. Sólo a través del verso, interiorizado en el alma, nos daremos cuenta que no somos libres; ya que, cada vez más individuos, se hallan todavía encadenados a la pobreza.

Son estos períodos difíciles, de los que debemos aprender a dejarnos ayudar para que nos apoyen, los que nos sacan del individualismo, fortaleciendo los lazos, incluso de personas que, en un principio, no estaban próximas a nosotros. Una vida grande siempre nace del encuentro, debido a un gran motivo y a un fuerte fundamento. Con la situación actual que tenemos, en el que los desastres se multiplican y amplifican, devastando vidas y medios de subsistencia, suprimiendo en un soplo décadas de avances en materia de desarrollo, no debe ser tanto un problema más, si en la toma de decisiones comenzamos por mejorar el ánimo para conectarnos entre nosotros, haciendo frente conjunto en correspondencia a las adversidades. La suma de fuerzas, eleva aparte el espíritu: ¡Que lo sepamos!

Víctor CORCOBA HERRERO/ Escritor

[email protected]

12 de octubre de 2025.-

_____________________________REFLEXIÓN POÉTICA————————————————————————————————————————————–

 

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

 

VIVIR EN LA PALABRA DE DIOS:

¡OBEDECERLA CON JÚBILO!

 

BAJAR LA CABEZA Y ALZAR EL CORAZÓN: Pongámonos en escucha, vayamos al espacio glorioso, tutelémonos en el amor y en el amar. Retornemos al Crucificado, se dejará encontrar para que podamos hallarlo en el soportal más espinoso y pesado de los clavos. Desde la cruz, nos llama y nos abraza a diario, para volvernos comunión y revolvernos contra sí; pues, si penamos con Él, coexistiremos en el poema con Él: componiendo el universo de versos, con sones que nos enternecen y eternizan.

 

I.- CUIDEMOS NUESTROS PESARES

Jesús pasa por la vida sin miedo,

lleno de quietud y de luz relleno,

próximo y con los ojos abiertos,

procurando escuchar al prójimo,

deseoso de asistencia y cercanía.

La mayor congoja es no amarse,

olvidarse de querer y no legarse,

tomar el horizonte de la avaricia,

perderlo todo por abrigar vicios,

y no hallar a nadie que te guarde.

Recojamos angustias y acojamos,

que el que acoge siempre recoge,

y según lo labrado así recolecta;

pues habitar, es compartir llagas,

y repartir alegría como sanación.

II.- ATENDAMOS A NUESTROS MALES

 

Pobre de aquel que existe para sí,

acrecienta sus males de egoísmo,

y multiplica sus míseras miserias,

que son las del dinero y el poder;

que no liberan, sino que oprimen.

La gloria más grande está en ser,

un ser que conjuga el amor vivo,

la bondad con la verdad cada día,

haciendo un buen uso del pasaje,

pues de la codicia brota el abuso.

Danos, Señor, aires de penitente,

ofrendas de piedad para el andar,

sacrificios que nos hagan revivir,

para poder salir de este tormento,

y entrar en la dicha del regocijo.

III.- Y VIGILEMOS NUESTROS ANDARES

 

Caminar con tino y mejor pulso,

estar vigilantes para poder vivir,

es un modo digno de cautivarse,

de reconocer la pureza del niño,

que todos llevamos mar adentro.

Jamás evaporemos la inocencia,

recojamos el derecho inviolable,

de todo ente angélico a elevarse.

Exaltemos la gracia de su mirada,

hasta vernos relucidos en su voz.

No hay mejor latir que sentirnos,

para reencontrarnos con el crío,

que se estrella, cae y se levanta.

Sin pensar en los dolores nos ríe,

porque se alegra de vivir la vida.

Víctor CORCOBA HERRERO

[email protected]

11 de Octubre de 2025.-