Que no te hagan caer quienes te empujen,
alza, ante ellos, el rostro rudo y fiero,
no intimiden tu ser esos que rugen
demuéstrales tu temple verdadero.
Siempre habrá quien pretenda tu caída
para alzarse, ante ti, feliz y ufano,
más no habrá, si tú quieres quien te impida
levantar la cerviz y alzar la mano.
Si en tu lucha por ser, ante la vida
se interponen las fuerzas negativas
que ninguno, por ti, piense o decida
¡Se tú mismo, ante todo, mientras vivas!
Que en el diario quehacer de la existencia
siempre hay piedras que obstruyen el camino.
¡No se quiebre jamás tu resistencia
ni ante el propio dolor ni ante el destino!
Pablo B. Pineda Cortés.
