Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

La resurrección…

Cuando Moody, el gran evangelista estadounidense, fue invitado en cierta oportunidad a predicar en una ceremonia fúnebre, buscó en los cuatro evangelios algún sermón fúnebre de Jesús; pero no encontró alguno. Concluyó, entonces, que Jesús había acabado con todos los entierros a los cuales concurrió.

La muerte huía de su presencia. Por donde el Maestro pasaba, pasaba la vida. En la tumba de Lázaro, ordenó: “Lázaro, ven fuera”. La orden fue especifica: “Lázaro, solo tú”, porque, si no lo hubiese hecho así, todos los fallecidos habrían resucitado. Tal era el poder de Jesús delante de la muerte.

Le dijo Jesús: “Yo soy la resurrección, y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Juan 11:25.

El versículo de hoy fue tomado de la ocasión en que Jesús llegó a la casa de María y Marta. Ambas hermanas estaban tristes; el hermano mayor había fallecido hacía ya cuatro días; el relato puntualiza que yo olía mal. Desde el punto de vista humano, ya no había más esperanza de resurrección.

Hay momentos así todos los días, en las diferentes áreas de la vida. El dolor y la adversidad te golpean todos los días, en las diferentes áreas de la vida. El dolor y la adversidad te golpean de tal manera que pierdes la esperanza; te sientes como una hoja arrancada, que el viento arrastra. Pero, el Señor Jesús estaba allá, y declaró: “Yo soy la resurrección”. Sus palabras significaban que nada está perdido en su presencia.

La resurrección y la vida no es algo que Jesús ofrece: él es todo eso.

Por lo tanto, si en este momento tienes los sueños destruidos, y tus planes hechos pedazos, tu hogar acabado, tu vida profesional en estado cadavérico, todo lo que necesitas es correr a los brazos de la Persona Resurrección. En él, todo renace; renace la esperanza, los sueños y los ideales.

Nada hay que Jesús no pueda hacer de nuevo. La muerte puede pensar que venció; pero, ningún sepulcro será capaz de detener el paso de la vida; las piedras serán removidas, los obstáculos serán desmenuzados. Jesús es Rey victorioso y eterno, y venció a la propia muerte.

Parte hoy, para enfrentar los desafíos del día, con la seguridad de la presencia de Jesús. La propia muerte temblará delante de ti, si estás con Jesús. Porque él dijo: “Yo soy la resurrección, y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”.