AñoranzasPor: Elgie Cameron Calo

Acaba la carrera

Aquel 30 de mayo parecía una feria dominical de los pueblos, no obstante el escenario era el centro de una de las ciudades más grande del mundo, México, D.F.

Gente, mucha gente, un grupo interminable de atletas que partían como si fuese el éxodo judío. Miles vestidos de todos los colores: rojo, azul, amarillo, violeta, en fin. En los ojos, un denominador común; el deseo de llegar a la meta, se estaba dando inicio al maratón, por el circuito Chapultepec.

Entre los miles de atletas, profesionistas y aficionados que partían había un hombre de sesenta años. Cabellos emblanquecidos por el tiempo, arrugas prominentes y mirada de león hambriento. Parecía una fiera vieja, observando a las gacelas que jamás alcanzaría.

Elizabeth Madrigal pasará a la historia no como campeona de resistencia en la carrera de 15 kilómetros por las calles del centro de la ciudad, sino como la campeona de resistencia y de perseverancia. Llegó en el último lugar, cuatro horas atrás del campeón, pero llegó.

Arrastrando los pies, extenuada, sin importar el tiempo ni la posición, de su llegada. Su única preocupación, dijo al final, era llegar, completar la carrera.

“Nunca nada a medio hacer” dijo sonriendo “aprendí de niña, que no existe peor, que la carrera que no se acaba”.

Daba la impresión de repetir el versículo de hoy, en otra versión de San Pablo. “Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Hechos 20:24.

Cientos de años atrás, Pablo había expresado que lo único que le interesaba, aún arriesgando su vida, era terminar la carrera.

Hay mucha gente fracasada por que empieza un trabajo y no lo termina. Se desanima, calcula que no llegará primero y abandona la carrera. Su sendero está encarpetado de maravillosas disculpas. De tanto inventarlas, cree que son verdaderas. Campeones de la explicación, jamás llegan, ni en último lugar. Simplemente no llegan.

Haz de este día de llagada, termina lo que empezaste, no abandones la carrera, ve hasta el fin, di como Pablo:

“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mi mismo, con tal que cabe mi carrera con gozo y el ministerio que recibí del señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”.