Día de Muertos

“Al fin que pa’ morir nacimos…”
México se viste de cempazúchitl  y papel de china…
Patrimonio para el mundo entero…

Josué Isaí Cordero Ixba, San Andrés Tuxtla, Ver.— Noviembre no viene solo, viene acompañado de tradición, cultura, recuerdos y festividades, del nanche curtido así como del papel de china; viene con un sinnúmero de aromas y sabores muy mexicanos.

Antes que cualquier cosa, y para quien aún se confunda, no es lo mismo el Halloween o Noche de Brujas norteamericano que el Día de Muertos.

La festividad de los muertos se remonta a mucho antes de la llegada de los españoles a esta tierra. Se cuenta con registro de celebraciones de las etnias maya, purépecha, mexica y totonaca por lo menos desde hace 3 mil años.

Las fechas en honor de los muertos son y eran tan importantes que les dedicaban dos meses. Durante el mes llamado Tlaxochimaco se llevaba a cabo la celebración denominada Miccailhuitontli o fiesta de los muertitos, alrededor del 16 de julio. Esta fiesta iniciaba cuando se cortaba en el bosque el árbol llamado xócotl, al cual le quitaban la corteza y le ponían flores para adornarlo. En la celebración participaban todos, y se hacían ofrendas al árbol durante veinte días.

En el décimo mes del calendario se celebraba la Ueymicailhuitl o fiesta de los muertos grandes. Esta celebración se llevaba a cabo alrededor del 5 de agosto, cuando decían que caía el xócotl. En esta fiesta se realizaban procesiones que concluían con rondas en torno al árbol. Se acostumbraba realizar sacrificios de personas y se hacían grandes comidas.

Después, ponían una figura de bledo en la punta del árbol y danzaban, vestidos con plumas preciosas y cascabeles. Al finalizar la fiesta, los jóvenes subían al árbol para quitar la figura, se derribaba el xócotl y terminaba la celebración. En esta fiesta, la gente acostumbraba colocar altares con ofrendas para recordar a sus muertos, lo que es el antecedente del actual altar de muertos.

Dichas festividades eran presididas por la diosa Mictecacihuatl  quien era la reina del Mictlan, el 9o. y último nienvel del inframundo.

Para los antiguos mesoamericanos, la muerte no tenía las connotaciones morales de la religión católica, en la que las ideas de infierno y paraíso sirven para castigar o premiar. Por el contrario, ellos creían que los rumbos destinados a las almas de los muertos estaban determinados por el tipo de muerte que habían tenido, y no por su comportamiento en la vida.

Posteriormente, con la llegada de los invasores, estas fechas se adaptarían en el periodo colonial a las fiestas de origen cristiano.

Según el escritor, cronista y promotor de las tradiciones, raíces y riqueza cultural de México Sebastián Verti, las ofrendas como se conocen en la actualidad tienen su origen en 1563, en Azcapotzalco, con la instauración del sistema católico en nuestro país y el establecimiento de espacios para el entierro de los muertos, las ofrendas salieron de los ámbitos domésticos para asentarse en las iglesias y panteones.

Al mismo tiempo las cinco fechas del calendario mexica se transformaron de ser dos meses en dos días: uno para los chiquitos y otro para los adultos.

Cuando llegaron a América los españoles en el siglo XVI trajeron sus propias celebraciones del Día de Muertos cristianas y europeas, donde se recordaba a los muertos en el Día de Todos los Santos.

Al convertir a los nativos del nuevo mundo se dio lugar a un sincretismo que mezcló las tradiciones europeas y prehispánicas, haciendo coincidir las festividades católicas del Día de todos los Santos y Todas las Almas con el festival similar mesoamericano, creando el actual Día de Muertos.

En ceremonia llevada a cabo en París, Francia el 7 de noviembre de 2003 la UNESCO distinguió a la festividad indígena de Día de Muertos como Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad.

La distinción por considerar la UNESCO que esta festividad es: “…una de las representaciones más relevantes del patrimonio vivo de México y del mundo, y como una de las expresiones culturales más antiguas y de mayor fuerza entre los grupos indígenas del país.”

 Además en el documento de declaratoria se destaca: “Ese encuentro anual entre las personas que la celebran y sus antepasados, desempeña una función social que recuerda el lugar del individuo en el seno del grupo y contribuye a la afirmación de la identidad.” “…aunque la tradición no está formalmente amenazada, su dimensión estética y cultural debe preservarse del creciente número de expresiones no indígenas y de carácter comercial que tienden afectar su contenido inmaterial.”

La Ofrenda o Altar de muertos

Se cree que las almas de los niños regresan de visita el día primero de noviembre, y las almas de los adultos regresan el día 2. En el caso de que no se pueda visitar la tumba, ya sea porque ya no existe la tumba del difunto, o porque la familia está muy lejos para ir a visitarla, también se elaboran detallados altares en las casas, donde se ponen las ofrendas, que pueden ser platillos de comida, el pan de muerto, vasos de agua, mezcal, tequila, pulque o atole, cigarros e incluso juguetes para las almas de los niños. Todo esto se coloca junto a retratos de los difuntos rodeados de veladoras.

Los materiales comúnmente utilizados para hacer una ofrenda de muertos para el Día de Muertos tienen un significado, y son entre otros los siguientes:

Retrato de la persona recordada: El retrato del difunto sugiere el ánima que los visitará la noche del 2 de noviembre.

Pintura o cromo de las Ánimas del Purgatorio: La imagen de las ánimas del purgatorio sirve para pedir la salida del purgatorio del alma del difunto por si acaso se encontrara ahí.

Doce cirios: Aunque pueden ser menos, tienen que ser en pares, y preferiblemente de color morado, con coronas y flores de cera. Los cirios, sobre todo si son morados, son señal de duelo. Los cuatro cirios en cruz representan los cuatro puntos cardinales, de manera que el ánima pueda orientarse hasta encontrar su camino y su casa aparte de agua y sal.

Flor de cempazúchitl (o flor de cuatrocientos pétalos): Su color representa la luz como los rayos del sol y al regarla en forma de camino se le indica a las almas el rumbo por el cual se le guía a casa.

Cruz de tierra: Para recordarle su fe, ya que el Miércoles de Ceniza se le dice la frase: «Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás», con lo que se le recuerda que regresa a la tierra de la que salió.

Calabaza en dulce: Este fruto ocupa un lugar privilegiado tanto en la cocina tradicional prehispánica como en la actual. Es parte de la tetralogía alimenticia del país, al lado del maíz, el frijol y el chile. De ella se aprovecha todo: tallos, guías, flores, frutos y semillas. En el altar se prepara como dulce: cocida con azúcar, canela, tejocotes, trozos de caña de azúcar o con otros ingredientes, según el gusto de quien cocine.

Las Calaveras de dulce, tienen escritos el nombre del difunto (o en algunos casos de personas vivas, en forma de broma modesta que no ofende en particular al aludido) en la frente.

El Pan de muerto. Platillo especial del Día de Muertos. Es un panecillo dulce que se hornea en diferentes figuras, desde simples formas redondas hasta cráneos, adornado con figuras del mismo pan en forma de hueso y se espolvorea con azúcar.

HanalPixánes el nombre en lengua maya de la comida tradicional que se ofrece a los muertos cuya conmemoración se realiza en la Península de Yucatán, en pueblos y ciudades de origen o con influencia maya, el día 2 de noviembre. En los estados que conforman la Península de Yucatán se celebra el HanalPixan los días 31 de octubre, que es el día de los niños, el 1 de noviembre, que es el de los adultos y el 2 que es de todos los santos.

La celebración comienza desde mucho antes con el bordado de los manteles que se utiliza sobre la mesa; la elaboración de los trastes de barro, las flores de cera, etc. Se hace una limpieza general de casa y patios, se pintan las albaradas, todo esto se hace “para que las ánimas que llegan esos días no tengan que hacerlo”.

Las mujeres deben terminar sus quehaceres temprano “pues si llegan las ánimas antes se ponían a llorar, por ver el trabajo inconcluso”. Se acostumbra dormir temprano la noche anterior “para no perturbar las almas que vienen llegando.”

Así podría seguir, apreciable lector, con todo lo que conlleva hablar del Día de Muertos, ya que es bien sabido que nuestras tradiciones son ricas en expresiones, dependiendo del estado donde nos encontremos, será como celebran a sus difuntos.

Viene a mi memoria aquella película del cine de oro mexicano, “Macario”, que en 1959 se estrenó con el primer actor Ignacio López Tarso.

Macario, sigue siendo película obligada en el Día de Muertos. Nominada en 1960 con el premio Oscar como Mejor Película Extranjera sigue siendo una historia que seduce, impacta y deja buen sabor de boca de la cual se ha escrito tanto y se sigue comentando.

 

Calaveras

Para este día de muertos aquí en México por tradición se acostumbra elaborar las: “Calaveritas, que son ingeniosos versos populares, satíricos y festivos, que comentan en forma de epitafio las acciones de personas vivas –sin respetar posición social, política o eclesiástica– y aparecen en periódicos, revistas y hojas independientes.

Son versos de origen colonial relacionados con expresiones de la Edad Media europea como la “danza de la muerte”, y con la concepción prehispánica de que la muerte es inseparable del ser humano.

Las “calaveras” alcanzaron gran auge a principios del siglo pasado, cuando José Guadalupe Posada ilustró muchas de ellas y presentó esqueletos ataviados en muy diversas formas.

Y ya entrados en el tema, aquí van unas calaveritas de mi autoría.

 

-A Juan Carlos Absalon-

 

A las puertas de Eyipantla,

llegó la muerte de panteón,

buscando entre toda la gente,

a Juan Carlos Absalón.

 

“Vengo de arriba abajo,

y no puedo hallarle el paso,

ya le ha llegado su hora,

hay que volverlo retazo”.

 

“Dudo que aquí lo encuentres,

el hombre chambea bastante”,

dijo el doctor Roberto,

a tan temida visitante.

 

La parca esperó por horas

y nunca lo pudo hallar,

a todos dijo: “¡Maloras!

Ya me lo he de topar…”

 

Juan Carlos se sigue salvando,

del final del rico y el pobre,

pero ya vendrá la catrina

y llegará el día que se cobre.

 

 

– Al Dr. Roberto Enríquez Hernández-

 

A media consulta estaba

el galeno Enríquez Hernández

cuando imponente la muerte

frente a él se presentaba.

 

“Por tí vengo, no hice cita,

al camposanto nos iremos,

ahí tendrás tu casita,

ahí siempre te encerraremos”.

 

A los pies de la Catrina

el doctor apurado implora,

“No me lleves calaquita…

¡sé que aún no es mi hora!”

 

“¡Tú no decides eso!”,

la huesuda dijo a Roberto,

y lo cogió del pescuezo

“¡Quítense que aquí va un muerto!”

 

Y triste colgó los tenis,

El “doc” ya muertito está

va camino al panteón,

a vivir al más allá.

 

-Evaristo Andrade Caporal–

 

Se ve rondando a la muerte,

con cachucha y con bermuda,

anda de campo en campo,

apurada que está la huesuda.

 

“A Evaristo “mil amores”,

buscó como a ningún otro,

dicen que anda en Otapan,

lo vieron pasar en su moto.

 

Con la trenza volando al viento,

rauda corría la muerte flaca,

hasta perdía el aliento,

apresarlo quería la Parca.

 

Por fin lo encontró en la ESBIO,

en un partido futbolero

“vengo por ti “mil amores”,

ya nos vamos al entierro.

 

Ya se fue “El mil amores”,

ya es muertito de los nuevos,

se lo llevó la Catrina,

arrastrando de los pelos.