Flores de ayer, marchitas y tan frías
que guardo en un cuaderno carcomido,
al verlas me recuerdan esos días
gloriosos de un ayer que ya se ha ido.
En ellas fue también la primavera,
tuvieron su esplendor, su colorido
y viéndolas así nadie creyera
que son de aquel pasado que no olvido.
Viéndolas hoy, ¡oh pétalos huraños
cortados por la mano de mi amada!,
me vuelvo a remontar a aquellos años
felices de un amor que ya no es nada.
Flores de ayer, marchitas en exceso
que guardan la experiencia de mi vida:
La tímida caricia de aquel beso
Primero que se da y jamás se olvida.
El tiempo las secó; flores que fueron
la ofrenda de un amor que ya no existe,
al verlas mis recuerdos revivieron
dejándome infinitamente triste.
Pablo Pineda Cortés / 1997.
