Gran acierto de la ONU para la infancia

En 2014 el Comité de las Naciones Unidas de los Derechos del Niño recomendó a los países miembros que revisaran si sus legislaciones sobre tauromaquia cumplen o no con la Convención de los Derechos del Niño. El Comité, preocupado por la salud física y mental de los niños expuestos a la violencia del toreo, urgió emprender investigaciones que determinaran el impacto en la infancia del alcance de la violencia física y mental de la tauromaquia.

Los estudios arrojaron que las condiciones de inseguridad en las que se realiza el trabajo de los niños toreros bastarían para declarar la tauromaquia culpable de contravención de la Declaración de los Derechos del Niño.

Aunque la observación de la ONU en un principio se dirigió a Portugal meses más tarde se amplió a todos los países donde aún se practica la tauromaquia, pues la convención tiene como objetivo ofrecer los mismos derechos a todos los niños, en Veracruz esta recomendación fue acatada en 2015 por medio del Congreso del Estado en diversas actualizaciones a leyes de protección a la infancia lo que protege a las y los niños de estos espectáculos violentos. En Portugal, en las escuelas, lecciones o eventos taurinos en que participaban niños, estos tenían que herir a los toros con elementos cortopunzantes y agarrarse al animal sin protección hasta dominarlo, siendo muchas veces víctimas de accidentes fatales.

Los niños españoles que asistían a escuelas taurinas o niños toreros se consideraban trabajadores, ya que recibían un dinero pactado con anterioridad para participar del espectáculo, sólo que estos contratos eran pactados entre empresarios y apoderados sin que el niño participara de este tipo de negociaciones. “Para el mundo taurino, el niño estaba preparado para enfrentarse a la muerte o para matar, pero no para decidir por cuánto dinero quiere hacerlo, es una explotación infantil», explicó la Fundación Franz Weber en su campaña Infancia sin Violencia de ese año, campaña que se extendió por todos los países taurinos luchando por los derechos de los niños y los animales.

El principal objetivo de la ONU para hacer esta recomendación a los países taurinos de alejar a los menores de edad de estos espectáculos fue que los menores no sufrieran violencia como espectadores, lo que incluye la asistencia a las plazas y la televisión, de hecho un estudio realizado en 2004 por psicólogos de la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Swansea en Gales  concluyó que los mensajes verbales que acompañan la retransmisión de una corrida de toros tienen consecuencias significativas en la agresividad, la ansiedad y los niveles de impacto emocional de los niños y niñas de entre 8 y 12 años. Más entre los niños varones que entre las niñas. También, que los niños están más mediatizados por la interpretación cognitiva de lo que está sucediendo que por la espectacularización de la violencia y la crueldad.

El propio estudio recuerda que la carencia de un discurso público sobre el maltrato animal y de información en la escuela, la familia u otras fuentes, hace que los jóvenes espectadores se identifiquen fácilmente con el perpetrador de la violencia, por ello la importancia de esta recomendación emitida por la ONU, importancia que no es exclusiva para los animales sino para una sociedad que avanza a la modernidad de la mano de la ética y el respeto.

Se sabe que con la pandemia algunas escuelas taurinas cerraron, así como existe una reducción significativa de las corridas de toros en plazas y de las subvenciones gubernamentales a este sector minoritario además de los espectáculos taurinos por festejos de santos en España. Sin embargo, más allá de los negros panoramas que arroja la pandemia y el cambio de mentalidad de las personas hacia la tauromaquia éste sin duda es y será un gran acierto de la ONU para la infancia.