Constructoras de la Paz

En los 78 mil 815 kilómetros del estado de Veracruz, la tierra huele a feminicidio. Violencia doméstica. Machismo. Carteles y cartelitos.

Es el fantasma real que cabalga de norte a sur y de este a oeste.

Y como dijo el Colectivo Cihuatlahtoli, el gobierno de Veracruz «simula atender la violencia», cuando, caray, a cada rato, más cadáveres de mujeres expuestos en la mesa de los sacrificios.

Casi casi, el Huitzilopochtli del siglo XXI, que tal cual se le podría denominar por aquello de Cuitláhuac, el nombre indígena.

Y del lado de los 212 municipios, la reacción y la respuesta social es, parece, titubeante.

Por ejemplo, y en un caso aislado, el alcalde de Cosoleacaque, Cirilo Vázquez Parissi, tomó la protesta a la Red de Mujeres Constructoras de la Paz, cuyo objetivo es (ojalá) «erradicar la violencia familiar y de género y empoderar a las mujeres con diferentes capacitaciones en línea y actividades, las cuales a su vez, ellas podrán compartir con otras mujeres».

La capacitación de que habla está bien. Pero más, mucho más importante, es la lucha constante, sistemática, incansable, contra la violencia.

Bastaría recordar el asesinato de la expresidenta municipal y ex diputada local, Gladys Merlín Castro, y su hija Karla, inminente candidata de MORENA a la alcaldía, y cuyos ejecutores físicos e intelectuales volaron al cielo, mejor dicho, al infierno.

En el caso, se habla desde móviles para el robo y políticos. Pero mientras tanto, en el imaginario colectivo está la sensación y percepción de que la violencia doméstica en la entidad jarocha origina más, mucho más estragos, en la vida de las mujeres, como el cadáver femenino tirado a orilla de la carretera de Xalapa a Veracruz, descubierto por la policía el sábado 9 de octubre cuando llevaba más de 48 horas en despoblado.

Y lo peor, no identificada, quizá como aquella versión de que en un municipio la persona es secuestrada y desaparecida y en otro asesinada y en otro arrojada en la carretera o tirada a un río para flotar aguas abajo.

El sexenio de la 4T ha ingresado a la historia estatal como el tiempo constitucional de los feminicidios.

El alcalde de Cosoleacaque está haciendo su tarea, y aun cuando va de salida, lo importante es que dejará las circunstancias para que el sucesor continúe empujando la carreta buscando el respeto a la vida de las mujeres.

Por lo pronto, la Red de Mujeres fue integrada en la colonia El Naranjito, pero están encaminados los trabajos en otras colonias, entre ellas, Hermenegildo J. Aldana.

Una tarea, por todos lados, titánica.

De por medio, ya se sabe, se atraviesa el machismo.

Los hombres machos, muy machos, imponiendo su voluntad a base de madrizas a sus parejas.

Más, mucho más, cuando se emborrachan con los amigos y cuates.

DESEADO SUEÑO COLECTIVO

En la Red de Mujeres Constructoras de la Paz (la paz doméstica, la paz en los hogares, la paz familiar, la paz social, etcétera) participan dependencias y organismos, entre ellos, sicólogas, enlace de género y las corporaciones policiacas, en un «haz de voluntades» para entre todos patear la pelota y algún día lograr el sueño colectivo tan deseado.

Más cuando con tanto feminicidio en Veracruz se ha empalmado una cadena insólita y sospechosa de impunidad desde la Fiscalía General.

Y más cuando todos saben y conocen el nudo gordiano, a saber:

Entre más impunidad, más inseguridad, pues los malosos están conscientes y seguros de que como nada pasa con sus fechorías, violencia doméstica, ultrajes, entonces, «se crecen al castigo».

Una estadística por ahí dice que el 90 por ciento de los feminicidios en la tierra jarocha permanecen impunes.

El sexenio de la 4T se estrenó con el asesinato de una migrante de Guatemala en los límites de Isla y Rodríguez Clara en la primera semana del mes de diciembre del año 2018, cuando el góber tomara posesión, y hasta la fecha, a punto de cumplirse tres años, nunca el crimen fue investigado.

Incluso, tiempo aquel cuando el secretario General de Gobierno mostró el estilo personal de ejercer el poder y luego luego, sin mayor información, inculpó a los policías municipales de Isla.

Al día siguiente, el alcalde de Isla «se fajó los pantalones» y reviró a Éric P. Cisneros Burgos, asegurando que los asesinos eran «los polleros».

Y «El dos del palacio», viendo que el edil era rezongón, se amarró la lengua y cerró el caso, y desde entonces, en la impunidad total.

Por eso, la participación, incluso, de los cuerpos policiacos en la Red de Mujeres de Cosoleacaque resulta indicativa y significativa, pero también, alentadora.

EDUCANDO A PAPÁ…

En el siglo pasado publicaban una revista singular llamada «Educando a papá». Su hija Pepita lo reeducaba.

El nombre viene al caso para, entre otras cositas, reeducar a las mujeres.

Y es que con todo y la liberación femenina, y los derechos humanos, y la lucha de muchas mujeres en contra de los sicópatas, incluso, desde altos niveles de la vida pública y empresarial, el miedo, el temor y el terror, la dominación masculina sobre las mujeres resulta fatídica.

Aquel principio universal de «Amaos los unos a los otros», tan predicado desde «Las mañaneras», que más de dos mil años antes incluido en la tabla-decálogo de Moisés, solo ha quedado como un dulce sueño de verano, y sin aterrizarse.

Palabrerío hueco que únicamente ha convertido a Veracruz en uno de los primeros lugares nacionales en feminicidio, es decir, el asesinato de mujeres con alevosía, ventaja y premeditación, saña y barbarie, insania y perversidad.

Entonces, ha de llegarse a las zonas obreras, campesinas e indígenas para reeducar a las mujeres en nuevas y eficientes y eficaces estrategias para garantizar el respeto a sus vidas, lo más elemental y el más grave pendiente social.

Por eso la importancia y trascendencia de la Red de Mujeres en cada municipio del país, como en Cosoleacaque con el alcalde Cirilo Vázquez Parissi.