La caravana de migrantes, una carrera contrarreloj para cruzar a México

 La tensión aumenta en la frontera norte de Guatemala ante la llegada masiva de miles de migrantes, el colapso de los puentes fronterizos y la tentación de cruzar el río Suchiate en balsas

Es una carrera contra el tiempo y de tensión creciente. La caravana de migrantes se concentraba este viernes de forma masiva en la frontera natural entre Guatemala y México. Alcanzar la ciudad fronteriza de Tecún Umán, el límite del territorio guatemalteco, había sido el principal anhelo de los hondureños en tránsito hacia Estados Unidos. Se calcula que ya hay unos 4.000 migrantes ahí, con una siguiente parada: México, un objetivo tan cercano que se puede ver con posar solo posar la vista más allá de las caudalosas aguas del río Suchiate. El plan era y es hacer un cruce masivo, pero cada uno busca una forma distinto para hacerlo: algunos lo intentan por tierra; otros, por agua, en pequeñas balsas. Los nervios están a flor de piel.

Cuando el grueso de la caravana llega a la frontera con México, el ambiente se vuelve aún más tenso. “¡Los migrantes no somos criminales, somos trabajadores internacionales!”, gritan. Dos filas de policías guatemaltecos resguardan la aduana del puente fronterizo. A unos metros, el contingente se organiza para cruzar: los niños y las mujeres serán los primeros en pasar. Mientras representantes de la ONU negocian el cruce, la oleada de gente se alborota y lanza arengas contra Trump.

La mayor prueba para la caravana de migrantes se ha presentado a 500 kilómetros del lugar donde comenzó. La ciudad fronteriza de Tecún Umán es viernes un hervidero de migrantes que se agolpan a las puertas del territorio mexicano para escapar de la pobreza y de la violencia en su país. La vanguardia de la caravana llegó el pasado martes y las primeras solicitudes de refugio se empezaron a tramitar el jueves, según han informado las autoridades mexicanas. Las peticiones se han multiplicado por más de 11 en un lustro, pasando de 1.296 en 2013 a 14.596 en 2017. Nueve de cada diez provinieron de Honduras, El Salvador y Guatemala. Y el año pasado solo se aprobaron 1.907, el 13%.

La Policía Federal mexicana ha desplegado 250 agentes para reforzar la frontera sur. Los agentes se plantan detrás de sus escudos antimotines y vigilan expectantes desde el lado mexicano. Una larga valla negra se ha instalado a lo largo del Suchiate. En las últimas horas, muchos grupos pequeños han acelerado el paso para no rezagarse y para hacer músculo ante los trámites migratorios: quieren cruzar todos juntos. Es una larga cadena humana, cuyos eslabones se acercan y se alejan de acuerdo con las posibilidades económicas y físicas de sus integrantes. “No tenemos miedo”, dice Carmen Enamorado, mientras se aferra a un camión de carga, que viaja atiborrado con otras 50 personas. Algunos cuelgan del techo y otros se agarran de las puertas del tráiler. Al rebasarlos solo se ven filas y filas de las mochilas que cargan a cuestas y que se mueven de arriba abajo por el camino lleno de baches.

 “¡Vamos bien, llevamos viajando desde el sábado, ya casi llegamos!”, grita otro migrante hondureño. Ellos van un poco más atrás, pero viajan más seguros, menos hacinados. Son un grupo de una veintena de personas que asoman la cabeza sobre la caja descubierta de un camión más pequeño a su paso por el poblado de Retalhuleu, a 80 kilómetros de la línea fronteriza. “Tenemos café y pan para migrantes”, se lee en un letrero sobre un coche aparcado a un costado de la carretera. Cuanto más se avanza hacia México se ve a más, subiendo a transporte de carga, andando con banderas de Guatemala y Honduras. El flujo no para.

Las intensas lluvias de los últimos días han hecho muy difícil el tránsito de los migrantes y los últimos han evitado pasar por la capital guatemalteca. Pero las ansías de no quedarse atrás son vistas con preocupación por los miembros de la red guatemalteca de acogida, sobre todo por la fuerte presencia de niños, jóvenes y mujeres embarazadas. El cansancio, el hambre y el desgaste han pasado factura a los cuerpos de los migrantes en jornadas de recorridos de varias decenas o, incluso, cientos de kilómetros a pie, en autobús o pidiendo jalón [viajando a dedo].

Las noticias sobre la llegada este viernes del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, a territorio mexicano discurren con lentitud entre los migrantes. En el centro de las confrontaciones diplomáticas entre los Gobiernos de Estados Unidos, México, Guatemala, Honduras y El Salvador están miles de personas sin viso de detener su travesía. En el terreno no hay grandes debates sobre política. Los centroamericanos en tránsito se concentran casi de forma exclusiva en su afán de seguir, sin importar las amenazas y las grandilocuencias institucionales.

La gran incógnita es qué va a pasar si esas tensiones en las altas esferas del poder —con el secretario de Estado de EE UU este viernes en la capital mexicana— y en las orillas del río Suchiate se combinan. Hasta ahora, el punto más álgido de la caravana se había producido el pasado fin de semana, cuando se contuvo a los inmigrantes en su paso a Guatemala. La lentitud de los trámites migratorios, la concentración masiva de hondureños —con y sin papeles— y la porosidad de la frontera entre Ciudad Hidalgo (México) y Tecún Umán forman un cóctel de tentaciones peligrosas para que muchos intenten cruzar con ayuda de traficantes o en balsas improvisadas, tratando de evitar los dos puentes fronterizos de esta localidad, completamente colapsados.