POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ.
Capítulo 24.
Visitamos también el poblado de Sefat. Las casas resultan peculiares sincronizando acorde a sus calles. Llamó mi atención que, en tierras tan lejanas a la nuestra, estuviera plasmado el sello de México y sus cactus tuneros, utilizados en los hogares para delimitar sus propiedades haciendo aún más distintivo el lugar. Llegamos también a Pilgrim, una zona de fosfato utilizado para fabricar bombas y detergentes. Había altas temperaturas, arriba de 48.50 grados centígrados, se sentía un ambiente sumamente caluroso, pero con la ventaja de no haber humedad, eso fue de gran ayuda para no sentir los estragos sofocantes
del clima.
En la ciudad predominan cuatro colores, verde los vegetales, azul el cielo, rojo las casas y blanco las nieves del Atlas. En Pilgrim hay varias mezquitas, visitamos una de las más importantes de Maruecos, la mezquita La Kutubian. Esta es de las mayores del mundo islámico y destaca por su color, forada de piedra arenisca rosada. Su nombre significa Mezquita de los libreros, haciendo referencia a los numerosospuestos de libros que la rodeaban en sus primeros tiempos. Solo la pudimos visitar por fuera, como casi la mayoria de las mezquitas esta prohibida la entrada a los no musulmanes. Tambien vistamos el renombrado hotel La Mamonia, considerado el más grande del mundo, donde se hospedaba Winston Churchill.
En Marruecos entras al umbral de misticismo. Existe una gran diversidad étnica con una rica herencia cultural. Te reciben las palmeras, los dátiles y los dromedarios; en su plaza prevalecen los Saltimbanquis, astrólogos, sacamuelas, leyendarios, acróbatas y los temerarios encantadores de serpiente. Es un país colorido con un gran bullicio fiestero. Pienso que, para entender la cosmovisión de Marruecos, hay que leer sus textos para así sumergirnos en sus leyendas, en sus mitos y en sus sueños. Existe una gran literatura:
«Sueños desde el umbra» de la escritora Fátima Mernisi, «Cabezas verdes manos azules» de Paul Bowler, «Makhara» de Juan Guytiso, y «Tiempo de errores» de Mohamed Chokry.
Meknes es la localidad más fortificada, y una de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos. Destacando las Mezquitas con sus miles de historias y relatos mitológicos de sultanes. Su mármol antiguo forrado en sus ilustres palacios denota años de poderío y riqueza. Contrariamente existía una prisión subterránea donde a través de sus paredes penetraba una fuerte humedad, logrando un ambiente tetrico.
Resultaba por demás impresionante imaginar a seres humanos colgados de argollas podridas por los años, y con tristes memorias que podrían relatar. Mientras otros vivían en extrema opulencia, la paradoja de la vida.
Existe en la ciudad un mellah o barrio judío, donde compramos diversos dulces y muchas aceitunas. Degustamos un pan que resultó diferente a lo acostumbrado, pero sorprendentemente exquisito; y lo acompañamos con un té de hierbas locales. Disfrutábamos sorbo a sorbo mientras contemplábamos el ascético lugar. Se cruzaban carros tirados por mulas y viejos camiones con gran cantidad de personas, dando cierto aire de desolación.
Llegamos a Fez con una estampa majestuosa. Atravesamos el rio Fez y abriéndose en la llanura se apreciaba la vieja ciudad el Bali y la nueva Ciudad Jedid. Fez resultó ser una ciudad diferente, la ciudad que espere. Una ciudad con un enorme acervo histórico que la convierten en un lugar misterioso. Tiene esa dicotomía especial, colmada de todo y vacia a la vez, en penumbras y con luz, con aire especial que recuerda la edad media, y con cierta atmosfera que nos perpetúa en el presente. Nos íbamos internando entre sus oscuros callejones retrocediendo en el tiempo. Las casas oscilan entre 3 y 9 metros de altura; el ancho de las calles no pasaba de los 2.5 m y a veces menos. Rememorando los cuentos infantiles, donde los personajes vivían en pequeñas aldeas donde solo cabían seres extraídos de la imaginación.
Apareció antes nosotros una escena bastante distintiva en este mundo de hombres; una silueta de mujer hermosa hacinada en un rincón laborando en hilados. Era una joven mora, con vestido de color oscuro, la cabeza sin cubrir, con un cabello negro y piel blanca. Al fondo encontré un rincón insalubre donde están los curtidores, el barrio de los curtidores, se encuentran laborando también los afiladores y los caldereros. Observar aquellas estampas es conocer las labores cotidianas transportándote a otra época, en una realidad
diametralmente opuesta a la nuestra.
En el fondo de una pequeña callejuela, hay mesas y sillas donde estan entregados al ritual del té de hierbabuena. Nuestro guía Hakim nos dijo que hay que tomar el té de tres diferentes maneras… el té sin azúcar que resulta amargo como la vida, el que es endulzado como dulce es el amor, y el tercero que contiene los restos del té, que es suave como la muerte. Nos sentamos en el suelo junto a hombres viejos que se notan cansados por el esfuerzo. Y quienes lavaban su mercancía (frutas) en un drenaje superficial, muy propio para adquirir tifoidea. Existe un continuo murmullo de plegarias, ya que en cada barrio hay una mezquita, donde cada cierto tiempo se elevan oraciones que se perciben con una ligera tonalidad que armoniza la hora del té. En las mezquitas que existen hay en ellas un baño público, una fuente y una panadería donde cada familia lleva su masa preparada y marcada para aprovechar el fuego del horno. Existen 320 barrios con nueve mil calles dónde forma un gran laberinto y se pierde con rapidez la orientación.
Entramos a través de La puerta Bab Bou Jeloud o La Puerta Azul. Una puerta monumental construida a principios del siglo XX que posee tres arcos simétricos forrados con azulejos en tonos azulados, estos van cambiando de color dependiendo la luz reflejada con el movimiento del sol; lo que lo hace tener una especial singularidad. La puerta es el acceso principal a la zona más antigua y hermosa de la ciudad, atravesar la puerta es abrirse paso a las reales costumbres marroquíes. El medio de transporte es el burro, así que era común escuchar ballak ballak… cuidado… cuidados; los propietarios arrastran los burros sin ningún miramiento hacia adelante. Ya que está muy concurrido por tantos turistas curiosos que disfrutan estas coloridas escenas.

