Praxis Electoral-Electorera, Versus Praxis Social

Hermilo Coto Xolot, San Andrés Tuxtla, Ver.-Una mercadotecnia al servicio de la política, la cual sólo presenta personajes míticos y propuestas fantasiosas que están muy lejos de las necesidades concretas de la realidad popular.

Una multitud de conciencias receptoras sin la suficiente preparación política y cultural para decodificar contenidos ideológicos de mensajes y personalidades.

Discursos preñados de las más encantadoras propuestas, epopéyicas y mágicas incongruentes con las condiciones sociales que prevalecen en el entorno.

Una vez más, estamos ante el espectáculo, la trama, el dramatismo, el debate; el juego de palabras de un principio y un fin.

Una vez más, los hombres letrados e iletrados trabajarán a favor y en contra del proceso electoral para que “alguien”, sin tener o no las cualidades objetivas y subjetivas ideales del candidato que es de sus aspiración, será elegido como Diputado, Presidente Municipal y hasta Gobernador de la Entidad.

Una vez más, las personas y personalidades, sin importar rango, filiación, lealtad, congruencia de ideas, entre otras. Sin importar si es o no “leal” a la ideología y principios éticos-sociales de su partido o del partido quien lo designó, se prepara para contender por el poder. Y por ese poder, los camaleones, consolidarán su “camaleonería”.

En otras palabras, los que ayer fueron del PRI, hoy son del PRD; ayer del PAN, hoy del PRI; ayer del PT, hoy de Convergencia; ayer verdes, hoy rojos. No importa, lo que interesa es el poder, a fin de cuentas, así estamos acostumbrados en México. Personajes prefabricados para cumplir el requisito. La ideología y principios del partido en cuestión, es lo de menos. Hoy, -dicen- lo que vale es la persona, lo demás, es lo de menos. ¡Vaya, democracia mexicana!

A pocos días de las elecciones, una multitud de almas, llamada masa electoral, equipada con muchas o pocas; o casi nulas convicciones políticas, con muchas o pocas “ideas de cambio”; o una que otra víctima o victimaria de la incultura y la desinformación, se están -dizque- preparando para ejecutar uno de los derechos fundamentales contenido en la Constitución Política: el derecho a votar y ser votado, y con ello, dar por cumplido el sufragio a favor del proceso democrático que nos distingue como patria libre y autónoma.

En este juego electoral y/o electorero a como estamos acostumbrados en la mayoría de las veces, donde  mucha personas, votarán seguramente (con una casi nada convicción y vocación política), a favor de los principios ideológicos y filosóficos que rigen en el seno de cada partido al cual pertenecen.

Otros, aun no siendo del partido en el cual militan o han militado por muchos años, depositarán el sufragio por la persona a la cual, según ellos, cumple con los requisitos fundamentales, explorados, externados y vendidos por una cacareada mercadotecnia al servicio de “los políticos”: se vende líder virtuoso, honesto, educado, inmaculado, revolucionario; hasta mítico y mágico. Poco falta convertirlos en Mesías y guías espirituales inmersos en una fraseología incongruente con la realidad objetiva y condiciones históricas y sociales en el que vive realmente el pueblo de México.

En toda esta parafernalia, se oyen por doquier frases como: “les pondré”, “les daré”, “les satisfaré”, “les solucionaré”, etc., etc. A veces, frases más contextualizadas por el factor “humildad”, “si ustedes me dan la oportunidad”; “por un gobierno del pueblo y para el pueblo” o “siempre hasta la victoria”, parodiando a la consigna revolucionaria del legendario Ernesto “Che” Guevara “Hasta la victoria siempre”.

En cuestiones de voto, habrá otro grupo no menos importantes que votará por castigo o resentimiento, bien sea por ir en contra de la persona o por el partido que nos les cumplió o los “traicionó”. No obstante, los primeros como los segundaos o los terceros, cumplirán con la encomienda electoral.

Sin embargo, no hay que perder de vista que en este juego, lo que realmente importa es el voto, venga de donde venga. Lo esencial es votar para llevar el triunfo a quien se designó como el “mejor portor”.

En una nota editorial de la revista Llave de Veracruz, el columnista de la misma, establece que en “dicho juego democrático baila al ritmo del partido político que tiene más recursos económicos para destinar a su campaña”. Y agrega: “con dinero bien habido o mal habido, crean un esquema de mercadotecnia para vender la idea del bienestar social, pero que sabemos, acabará beneficiando a intereses particulares”.

En este momento crucial, donde aún prevalecen las viejas artimañas, hijas de la corrupción que ha identificado por décadas el proceso electoral en nuestro país, algunos de los “ya elegidos” candidatos en acción, serán portadores de un fuerte poder de convocatoria, muchas veces ausentes del auténtico conocimiento político, de la conciencia social necesaria, de la tesorería revolucionaria, y, de la sensibilidad y la voluntad popular, congruentes con los principios doctrinarios del partido político de derecha e izquierda “al cual pertenecen”. Bien lo decía el filósofo Antonio Grammci, que cada candidato de elección popular, niega su auténtico papel social, si el mismo no emerge de la conciencia colectiva y del consenso popular y sobre todo de un alto conocimiento de la teoría revolucionaria. Porque agrega, “sin teoría revolucionaria (de cambio), no hay práctica revolucionaria”.

Esto no quiere decir, que todo aspirante al poder emergido del pueblo, tenga que ser necesariamente un político genial  y perfecto en la teoría y la praxis del cambio, cómo sostenían los revolucionarios ortodoxos, más bien y en éste momento, el candidato que por antonomasia es producto del pueblo, tendrá que responder necesariamente a ese llamado, en el marco de sus posibilidades teóricas; pero sobre todo, con la lealtad y la responsabilidad, para servir a los auténticos intereses del pueblo. De ese pueblo que con o sin suficiente cultura educativa y política; que con o sin conocimiento de ideologías, teorías y conceptos de personas y personalidades, DEPOSITARÁ, su voto por el candidato y el partido que supone una alternativa de “apoyo” y de “solución” a sus necesidades materiales y espirituales tanto de alimentación, vivienda, medicina, educación, cultura y demás.