• Cultivando ando…

A mediados de los años setenta el son jarocho de nuestro lugar se había convertido en un espectáculo alejado de la función social que cumplía en cada comunidad. Solo los viejos músicos se resistían a cambiar sus tradicionales formas de ejecutar la música, con la cual se daba vida a los velorios y animaba los pocos huapangos que aún se organizaban. La forma escénica del folclor musical y dancístico hizo que cada vez más los jóvenes se alejaran de sus raíces y que las expresiones culturales propias de la región les parecieran anticuadas y pasadas de moda.
En los años ochenta surge la inquietud y el anhelo de regresar a la raíz de la música y el baile, a revalorar las viejas costumbres de nuestros mayores, motivados por el encuentro de jaraneros de Tlacotalpan, que en ese tiempo estaba tomando impulso y posteriormente por el espectáculo “Otro fandango” de Ofelia Medina y el grupo Mono Blanco.

Un grupo de jóvenes se percataron de la importancia de preservar la identidad cultural de la región, de mantener viva la memoria histórica musical de los ancianos, pero además entendieron que la música y el baile en un huapango popular tenían mayor libertad y creatividad.

Esos muchachos que empezaron a compenetrar a ese mundo olvidado de la música campesina lo formaron Patricio Hidalgo, Daniel Hernández, Andrés Moreno y los niños, José Luis Constantino Villegas, Ignacio Hernández Vázquez, Raúl Román, Sandra Olivia Moreno y Marisol Román.
Estos fueron los pilares que dieron origen a Cultivadores del Son, poco después se incorporaron Juan Pólito y Juan Mixtega.

El grupo siempre ha estado abierto a los jóvenes porque esta consiente que ellos y los niños son quienes tienen en sus espaldas la responsabilidad de que nuestra expresión musical viva o muera en el futuro, por esta razón han transitado y convivido muchas personas. Las que han comulgado con esa forma de pensar y luchar por mantener nuestra identidad cultural ahí siguen de pie, los que no, han emigrado buscando nuevos senderos que satisfagan sus intereses.

Así, el primer grupo de muchachos que corrieron aventuras con los Cultivadores entre otros están Gustavo Pucheta Paxtián, Martin Marcial, el Yoyo Valera, Pepe Avelar, Michel Andrade, David Nape, David Cervantes, Josué Aguirre, German López, Rubén Cárdenas, etc.

Era curioso para la población ver a un grupo de jovencitos caminar por las tardes y concentrarse en Casa de Cultura para platicar sobre las costumbres, la música, la vida cotidiana y después tocar un rato. En ocasiones caminar rumbo a un velorio cercano, o alguna ranchería para convivir con los músicos del lugar.

El once de diciembre era el más divertido, se recorrían los barrios y colonias tocando en las casas de los amigos y personas que invitaban a sus velorios de la Virgen de Guadalupe, para posteriormente ir a rematar a las tres o cuatro de la mañana al mercado municipal donde se concentraban todos los músicos de las rancherías.

De esta manera se conoció a viejos cantadores como Macedonio Gómez de Los Méridas, Bartolo Muñoz de Ahuacapan, Juan Quinto de Buena Vista, al poeta de Maxyapan, Simón Baxin de Dos Amates, Juan Baxin de Cerro Amarillo, Celestino Memeche de San Isidro Texcaltitan quien fue cantador en la lengua nahua.

Pero también se tuvo la oportunidad de escuchar el estilo ejecución de los sones de los guitarreros Juan Pólito Baxin, Demetrio Quino, Clemente Mixtega, Alfonso Chima, Pedro Rosario, Paulino Paz, Carlos Escribano, entre otros.

De esos niños que iniciaron con el grupo destacaron José Luis Constantino e Ignacio Hernández quienes continúan en esa labor de enseñanza de la música y el baile propio de nuestra región cultural, y que nos representa en cualquier espacio.

En un tiempo posterior se incorporaron Luis Gilberto Lavalle Guillen, Gerardo Ávila, Brito Ortega Cruz, Alfonso Guillen, Tirso Bustamante, Rutilio Domínguez, Iván Guillen, Roberto Melchi, José Enríquez, Gerardo Miros, Ramsés Rodríguez.

Era grato cada tarde ver que se acercaban personas campesinas a Casa de Cultura a disfrutar la música o a ser parte de ella en su ejecución o baile, así llegaron Lamberto Campechano y Roy del Salto de Eyipantla, Manuel Arres, Pelón Riveroll, Alfonso Chima, Domingo Escribano, Félix Cágal, Facundo Ixtepan, Rodolfo Cóbix. Y mucho más.

Muchos niños aun hoy continúan aprendiendo bajo la instrucción, la pericia y la paciencia de José Luis Constantino quien les ha llevado por buen camino al inculcar respeto, cariño y querencia por esa música que nos dejaron nuestros mayores, música que nos identifica y nos da un lugar en las expresiones musicales del son jarocho en todo el sotavento.