Ciudad de México, 14 de octubre de 2025.– En los últimos años, México ha registrado un preocupante incremento en el número de adolescentes involucrados en actividades de narcomenudeo. Datos oficiales obtenidos de las fiscalías estatales a través de solicitudes de transparencia revelan que las detenciones de jóvenes por este delito se han disparado más del 150% entre 2022 y 2025.
Tan solo en 2022 se documentaron mil 143 detenciones de menores de edad vinculados al narcomenudeo; en 2023, la cifra ascendió a mil 230, y durante 2024 se registró un incremento del 88%, al alcanzar dos mil 310 casos. Sin embargo, la situación se ha agudizado en lo que va de 2025, pues entre enero y julio ya suman 2 mil 920 adolescentes detenidos, superando los registros de años anteriores.
Entre las entidades con mayores incrementos destacan San Luis Potosí, Guanajuato, Aguascalientes y Chiapas.
En el caso de San Luis Potosí, las detenciones pasaron de dos menores en 2019 a 245 en 2024, y a mil 804 en los primeros meses de 2025. En Guanajuato, las cifras subieron de 22 jóvenes en 2019 a 475 en 2024, mientras que Aguascalientes registró 51 casos en 2024 y 54 de enero a julio de 2025.
De acuerdo con el acumulado de los últimos siete años, San Luis Potosí encabeza la lista nacional con 2 mil 156 adolescentes detenidos, seguido por Chihuahua (1,965), Ciudad de México (1,931) y Coahuila (1,682). También destacan Guanajuato (925), Baja California (836), Aguascalientes (755) y Nuevo León (684).
Además de los detenidos, las fiscalías de Baja California, Chiapas, Guanajuato, Sonora y Yucatán registran 224 menores imputados sin detención entre 2019 y 2025. En Chiapas, por ejemplo, se pasó de 12 casos en 2024 a 26 en 2025, y en Baja California, de 10 a 19 en el mismo periodo.
Crimen organizado, vulnerabilidad y reclutamiento
El Observatorio Nacional Ciudadano (ONC) y la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) han alertado que entre 145 mil y 250 mil niños y adolescentes en el país se encuentran en riesgo de ser reclutados o utilizados por grupos delictivos.
Especialistas coinciden en que las principales causas del reclutamiento juvenil son la vulnerabilidad económica, la necesidad de pertenencia y la búsqueda de estatus social.
El doctor Felipe Gaytán Alcalá, especialista en Ciencias Sociales, explica que muchos adolescentes son atraídos por promesas de poder y prestigio dentro de las comunidades donde operan los grupos criminales.
“Les hacen creer que van a tener control, dinero y respeto; sin embargo, terminan siendo carne de cañón en la cadena de comercialización de drogas”, advierte el académico.
El investigador Otto René Cáceres Parra, experto en temas de seguridad, señala que el reclutamiento de menores se ha intensificado en regiones con mayor presencia del crimen organizado, como Chiapas, donde la violencia ha ido en aumento. “Los adolescentes viven en contextos de pobreza y violencia; al no contar con acceso constante a la educación ni actividades deportivas o culturales, son presa fácil de las redes criminales”, sostuvo.
Por su parte, la psicóloga Blanca Fabiola González Moreno considera que este fenómeno es “multifactorial”, pues involucra problemas familiares, violencia intrafamiliar, adicciones y desatención emocional. Propone fortalecer la intervención comunitaria y familiar para detectar factores de riesgo y prevenir el reclutamiento.
Un problema estructural
Los expertos coinciden en que los menores son utilizados por los grupos criminales debido a que la ley los protege de sanciones severas, lo que facilita su incorporación a actividades ilícitas. Su corta edad les permite salir rápidamente de prisión, convirtiéndose en un recurso desechable y fácilmente reemplazable dentro de las organizaciones delictivas.
Asimismo, se ha identificado que muchos adolescentes implicados en narcomenudeo provienen de zonas de clase media, donde circula la droga que ellos mismos distribuyen, lo que les da acceso a dinero rápido y un aparente estatus social frente a sus pares.
Conclusión
El aumento de adolescentes detenidos por narcomenudeo refleja una crisis social y estructural que combina carencias económicas, violencia familiar, falta de oportunidades y normalización de la narcocultura.
Especialistas advierten que sin políticas públicas integrales de prevención, educación y atención comunitaria, el reclutamiento de menores por parte del crimen organizado seguirá en aumento.

