Azul estaba el mar, y en sus tranquilas
aguas como sirena te veías
quizá porque al bañarte lo tenias
con el color azul de tus pupilas.
Alegre tus cabellos sacudías,
y mientras que la brisa te besaba
allá, en el horizonte, se llenaba
el cielo, de ese azul que despedías.
Las olas, que en la playa deshacían
el pálido crespón de su blancura
mirando de tu cuerpo la hermosura
queriéndote abrazar te sacudían.
Y yo, que al contemplarte me bañaba
también con el azul de tu mirada
mi alma, sumamente emocionada
con todo el corazón te la entregaba.
Pablo B. Pineda Cortés / Año 2009.
