Añoranzas, Por: Elgie Cameron Calo

Contentamiento…

 

Era la Paz, Baja California. De niña aprendí a nadar primero de busito y saliendo a respirar como delfín, y me aferraba de una lancha de pescadores estacionada, y luego comencé a bracear hasta alcanzar otra lancha; tenía 11 años. Luego me integré al grupo de niños, hijos de pescadores, y juntos buceábamos dizque para encontrar tesoros escondidos entre las rocas y corales del arrecife.

Mis tesoros eran esos fugases peces de todos los matrices multicolores; los corales, anguilas, estrellas de mar; los pulpos me fascinaban. Tenía contentamiento sólo de mirarlos, pero de no poseerlos.

El teléfono celular suena en el momento exacto en que empiezo a escribir esta meditación. No puede haber peor hora. Es un amigo que llama para preguntar cómo está el clima por aquí.

Estoy corriendo contra el tiempo para entregar los manuscritos, al editor. Necesito concentrarme pero, de vez en cuando, el celular distrae mi atención.

Al terminar la llamada, me pregunto; ¿Cómo viví sin celular y fui feliz? Nadie murió; viví bien, nada de lo que debía ser hecho dejó de ser hecho.

¿Por qué, entonces, el celular hoy es considerado una herramienta indispensable?, ¿A caso los ejecutivos que erigieron las grandes empresas del pasado tenían celular?.

No quiero disminuir, la importancia de la tecnología, muchos elementos llegaron para facilitar la vida. Pero ¿Siempre es así?, ¿Cuál es el límite entre la necesidad y el consumismo?.

Henry David Thorew, filósofo y poeta estadounidense del siglo XIX, decía que la riqueza de una persona es directamente proporcional al número de cosas, sin las cuales él puede vivir.

La cultura del consumismo, en la que vivimos, nos hace sentir infelices si acaso no tenemos todo lo que las propagandas nos quieren vender. El ser humano actual no se satisface con nada; siempre con nada, siempre desea lo que se inventa de nuevo. “Muchos saben el precio de todo, pero no saben el valor de nada”, dijo alguien.

El negocio de la publicidad es ofrecer, y el nuestro, comprar, y, entonces llegamos a la conclusión de que ganamos poco, y somos infelices.

Se cuenta la historia de un campesino que vio llegar a su nuevo vecino, descargando enseres domésticos más adelantados y sofisticados.

“Vecino, —le dijo—, si necesita de algo, avíseme, yo le enseñaré cómo se bien sin eso”.

Timoteo, en las sagradas escrituras dijo; “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

El versículo de hoy habla de contentamiento. En el original griego, la palabra de Autarkeia, que significa ser feliz con lo que se tiene; disfrutar al máximo de lo que se posee.

El consejo de San Pablo no es una apología de la mediocridad. Dios colocó en el ser humano la capacidad de soñar, para apuntar alto. Pero, a medida que avanzas, sé feliz y agradecido a Dios por lo que tienes. Haciendo así, solo ganas porque “Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento”.

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