Sáb. Jun 6th, 2026

POR ARMANDO RAMÍREZ RODRÍGUEZ .

Capítulo 10.

MIS HUELLAS A TRAVÉS DEL TIEMPO
CATALUÑA
Nació en tiempos de Carlo Magno, el padre de Europa y fue gobernada por los condes de Barcelona, de ahí que se le conozca como ciudad condal. En el siglo XII y bajo el mandato del rey Jaime se unió a Aragón formando una gran potencia del mediterráneo. Por eso cuenta con una gran tradición marítima, donde actualmente es una gran potencia turística, industrial y una agricultura prolífica de trigo, arroz, vino y aceite de oliva. Además, cuenta con una consolidada industria de confección de calzado, química y metalurgia.
Los catalanes son personas laboriosas y disciplinadas, con un gran impulso no solo empresarial, sino que permea en la sociedad el arte como medio de expresión cultural. Entre sus manifestaciones artísticas existe un museo romántico donde destacan los frescos de Tahull, Miró y Dalí; así como también la representación del arte gótico en el hospital de Santa Cruz y la catedral de Barcelona; destacando el mundialmente conocido templo arquitectónico de Gaudí Montaner. En la obra escultural, Gonzalo Vuiladoma, y en el bello arte de la música el chelista Pau Casal.
El folklore lo viven con entusiasmo a través de las danzas moriscas y la sardana, donde muchas veces se puede apreciar el vestuario característico del baile. A su vez conservan sus propios cantos navideños convertidos a tradicionales villancicos, que han trascendido generacionalmente y que logra que sus expresiones culturales se conserven y mantengan una fuerte identidad regional.
Cataluña tiene una variada gastronomía local estilo mediterráneo con diversas recetas de frescos mariscos del puerto, pan con tomate, alioli y sus vinos preparados en la región. Disfrutaba saborear algún platillo típico en Las Ramblas, una calle que desemboca a la costa, en cuyo centro hay un andador donde veíamos pasear a la gente en los atardeceres.
Entré a Barcelona por el aeropuerto de Prat y para llegar al centro recorrí varias avenidas y altos edificios. Caía la nieve recubriendo el suelo empedrado y mojando con sutileza los rostros. Un clima nada agradable para los que vivimos en el trópico. El frío calaba los huesos, y la ropa que portaba no era suficiente para temperaturas gélidas. Sin embargo, no todo el año es así, en verano Barcelona se adorna con un sol radiante que resplandece sobre el mar, otorgándole un brillo especial a la ciudad. A parte de conocer el Instituto, era importante conocer España y otros países europeos, Pensaba en La mancha, la tierra de Don Quijote, donde los molinos de vientos parecen girasoles; o ir a Castilla donde se encuentran los antiguos Castillos entre los olivares, encinos y robles.
Cuando estudié la carrera de medicina en la BUAP, en el estado de Puebla, me surgió el interés por estudiar oftalmología. Esta inclinación nació cuando leía los textos del maestro José Antonio Barraquer Roviralta, quien fue pionero en el campo de la oftalmología. Un notable científico que supo imprimir diagnósticos y tratamientos acertados creando una dinastía de eminentes oftalmólogos.
El instituto depende de la Universidad Autónoma de Barcelona, y cuenta con una escuela de enseñanza oftalmológica, un hospital privado y uno de asistencia social para enfermos de escasos recursos. Es un gran edificio de nueve pisos, biblioteca, micropelículas (donde se almacena un caudal de experiencias), cafetería y auditorio con circuito creado para tener acceso a todas las cirugías que directamente se programan. El quirófano tiene una cápsula transparente para apreciar las manos del cirujano, los residentes teníamos que presenciar los procedimientos los martes y jueves. Los lunes y viernes se realizaban los servicios de consulta.
Tuve la fortuna de tener grandes profesores, personajes eminentes de la oftalmología. Entre algunos fueron: Dr. Joaquín Rutllán, Dr. Muiños, Dr. Mateus, Dr. Heredia, Dr. Alemán, entre otros ilustres maestros que escapan de mi memoria. Más allá de las excelsas cátedras, me instruyeron en valores trascendentales que me brindaron una carrera de por vida en mi noble andar por los años que me precedieron a mi ejercicio profesional.
Al llegar al Instituto ingresé como médico asistente y al mes ya era residente, esto representó una gran satisfacción personal. Llegué en una época de transición de la dictadura a la democracia. Francisco Franco murió el 20 de nov. de 1975, un año antes de mi llegada. Se sentía que el caudillo vivía en la sociedad, pareciera como si la gente aún no diera crédito al deceso del dictador. Sus restos estaban en El Valle De Los Caídos, una basílica en la roca rematada por una cruz de granito de 90 metros de altura. Aún hoy el pueblo insiste de que deben ser exhumado de este lugar y que sus familiares lo acojan.
Haber estado estudiando cruzando el Atlántico, representó un gran logro personal. En aquellos años cruzar el océano era casi indispensable, más aún si se trataba por motivos académicos. Pero siempre fui un soñador, quería conocer otras tierras, otras mentes. Partí de Barcelona un par de años después de mi llegada. Regresé a trabajar a mi pueblo natal e instalé mi consultorio; en mis años laborando tuve grandes satisfacciones a lo largo de mi ejercicio profesional. Aquel ayer de mi vida en Barcelona parece tan distante en el tiempo; un tiempo que no da tregua al inminente paso de las estaciones, dejando solo las remembranzas de los ayeres; aquel ayer se ha mantenido perenne en la memoria de mis recuerdos.