• El palacio municipal

En 1881 el antiguo pueblo de Catemaco fue declarado Villa por decreto del gobernador Apolinar Castillo. A partir de entonces sus alcaldes fueron impuestos según las conveniencias políticas de su   tiempo.

La Villa carecía de Casa Municipal.  A fines del siglo XIX las oficinas de la alcaldía, del timbre federal y del archivo municipal funcionaban en una casa amplia de mampostería, frente al parque, esquina con la actual calle Carranza, propiedad del señor Joaquín Benítez.

El local mencionado se conservó hasta muy entrado el siglo XX; ya propiedad de don Agustín Moreno Armengual, alojó un bar, una tienda de abarrotes y un salón de billares… Enfrente se estableció el primer sitio de carros de alquiler “El Carmen”. Esa antigua casa fue derruida en 1970 para construir un hotel. El sitio de taxis aún permanece.

Por el año 1904 don Francisco Mortera Sinta, último alcalde de filiación porfirista de grata memoria por los obras que realizó, expuso que la Villa, que ya tenía su parque, la torre del reloj,  debería de contar con una casa propia para alojar la alcaldía…Y así, ente 1904 y 1905, bajo la supervisión del maestro Ventura Cárdenas  -constructor de la Torre del reloj-  se edificó el primer Palacio Municipal en un predio baldío al lado del reloj y vecino de la familia Sobrevals, frente al parque.

La nueva construcción de la casa municipal era de laja y calicanto, estilo sotaventino y de  una sola planta. Contaba al frente con largo corredor o alero soportado por cuatro arcadas. Su tejado era dos aguas. A sus espaldas funcionaba el sencillo mercado donde la población adquiría productos básicos.

Para la pequeña Villa, el “Municipio” –como llamaba el pueblo a la Casa Municipal, cumplía su función con escasas dependencias y poco personal.

En los años 50, a medio siglo de su inauguración, el inmueble ya fue insuficiente y poco funcional. Entonces, el presidente municipal don Rubén Brizuela Moreno designó una comisión de ciudadanos, integrada por los señores Bruno Martínez Escobar, Indalecio Moreno Armengual, Juan D Huber y Ramón Valencia Gracia. La comisión solicitó, a través del diputado local Cesáreo Carvajal Bernal, al gobernador licenciado Marco Antonio Muñoz Turbun, la construcción de un nuevo edificio para el H. Ayuntamiento.

Luego de muchos viajes a Xalapa, las consabidas gestiones y trámites burocráticos, la solicitud fue atendida y el gobierno del Estado se encargó de la obra que comenzó en 1953 con la derribo del original palacio, para en el mismo sitio construir el nuevo. Esas labores tardaron aproximadamente   12 meses.

Durante el tiempo que demoró la construcción del nuevo edificio, las oficinas municipales despacharon en la llamada “Casa de altos”, antigua construcción de dos pisos, de usos múltiples, situada en la calle del Carmen, ahora Madero; local que alojó a la primera biblioteca, el telégrafo,  las escuelas   primaria Benito Juárez y  secundaria Salvador Díaz Mirón…Casa que fue derruida en 1970 para ampliar el mercado municipal.

 En 1954, próximo a entregar la gubernatura, el licenciado Marco Antonio Muñoz vino a Catemaco, que aún tenía la categoría de Villa, a inaugurar y hacer entrega al. Presidente Brizuela Moreno y al pueblo el flamante Palacio Municipal que, en su momento, fue catalogado como una “obra excepcional”.

Seguramente su diseño sobrio obedeció a razones de funcionalidad y costos, pues no tuvo un estilo arquitectónico definido. Edificación de dos plantas, pasillos interiores, un patio central alrededor del cual se establecieron las diversas dependencias municipales. En el frente, largo corredor de arcadas… En la planta alta, el tradicional balcón central flanqueados por otros balcones y ventanas. Un chapetón con el escudo nacional en alto relieve, destacaba al centro, en lo alto del frontispicio.

Edifico sobrio, carente de adornos. Hace décadas en el muro central de la escalera principal, alumnos del taller de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana pintaron un mural que   narraba la fundación de Catemaco, años después borrado. Posteriormente bajo la presidencia del profesor Neftalí Escobar Ramírez, se encargó a un pintor originario de Puebla, del que no tenemos el nombre, la realización de otro mural que ocupó las paredes central y laterales del cubo de la escalera. La pintura interpretaba otra versión del origen del poblado. Deteriorado por la humedad, despareció durante una remodelación del inmueble. En el amplio corredor exterior de palacio han estado en exhibición cuatro piezas monolíticas prehispánicas, presuntamente de la cultura olmeca, encontradas en diversos sitios del municipio.

 A lo largo de seis décadas el palacio ha sufrido modificaciones en su interior; se adecuaron   y aumentaron oficinas. Más, el tiempo fue deteriorando la construcción original, hasta no admitir más reformas…Sin embargo, con limitaciones, el palacio cumplía su función de Casa del Pueblo, sede del gobierno municipal y centro de las diversas dependencias y oficinas…

Ese edificio, que por 63 años ha sido – como la torre del reloj- testigo de un largo periodo de la vida catamarqueña, fue objeto  de un acto vandálico sin precedente…La aciaga tarde noche del sábado 13 noviembre de 2016 fue incendiado por una turba embozada y ajena al pueblo.

El fuego incontrolable consumió mobiliario, papelería, documentos oficiales y parte del acervo histórico del municipio. Y justos mencionar la decidida  respuesta del Lic. Salvador Ávila Morales, entonces director del Registro Civil, quien auxiliado por colaboradores y ciudadanos anónimos logró salvar del fuego los libros de actas más antiguas del archivo.

El edificio incendiado, permaneció en pie, como mudo testigo del ciego vandalismo…Pero también como símbolo de un pueblo que dolido por la afrenta a su dignidad, a su casa, a su corazón…Catemaco, comunidad enemiga de la violencia, amante de la paz, que vive, sueña y trabaja por defender su dignidad y construir un futuro mejor para las nuevas generaciones.

La actual administración municipal presidida por el C.P. Julio César Ortega Serrano, en una de sus primeras acciones, se abocó a la reconstrucción del edificio incendiado. Así, los poderes municipales volvieron a su sede original, la digna Casa del pueblo.

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